El proyecto de infraestructura viaria más ambicioso y controvertido de Euskadi (con permiso de la Super-Sur bilbaina) avanza por fin a todo trapo.  Parece que al Ministerio le han entrado ganas de terminar este faraónico proyecto (o simplemente que el Plan Juncker puede reportar un empujón financiero al Ministerio y este quiere aprovecharlo para conectar a Europa su flamante red de alta velocidad). Sea como fuere el Gobierno vasco le ha conseguido arrancar una fecha de finalización a la ministra en su visita de ayer a las obras en el complicado nudo de Bergara.

Sin entrar en la controversia de su oportunidad para el país, es paradójico que este proyecto que lleva dos décadas gestándose haya tenido su mayor desarrollo justo en el momento en que las arcas públicas han estado peor preparadas para afrontarlo. Para estas obras, de hecho, no ha habido apenas tregua. Prácticamente todas los demás gastos e inversiones han sido recortadas o diezmadas en cuestiones esenciales del estado de bienestar y de derecho (educación, sanidad, prestaciones) y para fortalecer las capacidades de nuestro tejido económico (ciencia, tecnología e innovación). Todas esperan tiempos mejores. La Y vasca, sin embargo, ha salido reforzada y en 2019 podremos disfrutar de este enorme esfuerzo que hemos hecho. Los vascos están de enhorabuena porque, en teoría, todo el dinero adelantado se lo devolverán vía cupo.

Un apunte más. Tampoco la ciudad de Bilbao va a soportar ninguna política de austeridad en este caso y está también de enhorabuena. La ministra anunció que se retoma el proyecto inicial de soterrar su entrada al centro de la ciudad desde Basauri. Con esta ambiciosa opción, la regeneración urbana va a ser espectacular en toda la zona de Abando-San Francisco. De las entradas a Gasteiz y Donostia aún no se sabe ningún detalle. Pero seguro que también serán a todo tren!

 

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