26 de eneroEs lo que Máire Geoghegan-Quinn (Comisaria europea designada para la cartera de Investigación, Innovación y Ciencia) prometió  en su última comparecencia en referencia a la innovación y la ciencia, asegurando su posicionamiento en el mismo corazón de la política comunitaria.

A falta de la ratificación en su cargo, no me extraña que se sienta optimista y piense que hasta la política tiene corazón, ese mismo entusiasmo parece que le ha acompañado a la hora de determinar los tres ejes sobre los que pivotaría su política: culminar la creación del Espacio Europeo de Investigación (EEI), abordar los principales retos de las sociedades y crear una cultura de la investigación y la innovación… casi nada.

Tres retos francamente ambiciosos y difíciles que ya otros han perseguido con anterioridad, y que además ella redondea con al manido discurso europeo de la importancia de atraer a más pequeñas y medianas empresas (PYME) hacia los programas de investigación de la UE y de conceder más fondos comunitarios, por ejemplo Fondos Estructurales, a la investigación.

Ante estos ambiciosos objetivos políticos he seguido leyendo las notas de su comparecencia con franco interés para descubrir a través de qué instrumentos generados por su varita mágica iba a conseguirlos.

Sin embargo también declaró que se volcaría en perfeccionar los instrumentos ya disponibles para la consecución de sus objetivos. Concluyendo que lo que quiere ofrecer es “acción y resultados” y para ello piensa luchar a brazo partido en la próxima ronda de presupuestos, así como emprender acciones para hacer que el mundo de la ciencia se convierta en un ámbito más atractivo.

Objetivos claros, claro interés por obtener un mayor presupuesto, primera persona que ostentaría esta Comisaria con el nuevo nombre que incluye la palabra innovación, pero sin embargo instrumentalmente el discurso parece bastante débil, ya que al final lo que parece proponer es lo de siempre, con los instrumentos de siempre, aunque gastándose más dinero…

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