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CharlieLa terrible masacre de París ha conmocionado a Europa. De su mismo corazón han surgido seres abominables capaces de cometer la mayor atrocidad sin apenas pestañear. Esta monstruosidad, más propia de estados fallidos como México o Irak, resulta ante todo una muestra espeluznante del fracaso de la sociedad francesa y europea. Un quiebro peligroso del modelo de relaciones ciudadanas y del sistema de libertades que Francia abandera desde la Revolución. Una bofetada a su sistema educativo y a su modelo de estado social y de derecho que ha servido de ejemplo y estímulo en la construcción de la casa de las libertades que, con todas sus carencias y debilidades, sigue siendo hoy día Europa.

Porque los terroristas que perpetraron el atentado ayer en París no son extranjeros o pertenecen a comandos desplazados expresamente desde Siria o desde Libia a la ciudad de la luz. No. Es mucho más preocupante: son ciudadanos europeos. Franceses de pleno derecho y condición. Nacidos en Francia, educados en Francia y crecidos en Francia. Varios miles de ciudadanos se han ido al parecer enrolando progresivamente en las milicias yihadistas para combartir en el Medio Oriente y otros muchos, como en el caso de ayer, se reservan el papel libertador en sus propios pueblos y ciudades. Ciertamente desgarrador que esto ocurra y más desgarrador aún reconocer que nuestra sociedad es incapaz de ofrecerles nada mejor a estas personas.

Tras la sangre de ayer, vendrá  ahora la respuesta desmedida de nuevos salvadores islamófobos que tomarán las calles de Francia o Alemania amedrentando a mujeres portando el velo islámico o a familias hablando árabe. Se elevarán las alertas policiales y la represión preventiva campará a sus anchas por las banlieues francesas, verdaderos museos de los errores urbanísticos.  Este fuego alimentará nuevos brigadistas de Alá que nos mostrarán el camino del horror.

Y mientras unos y otros se retroalimentan, los demás seguiremos permitiendo gobiernos irresponsables que valoren más el petróleo que la dignidad humana. Gobiernos que se rasguen las vestiduras cuando el horror se pasea por los Campos Elíseos mientras rinden tributo al dios de la guerra al otro lado del Mediterráneo.

Habrá que esperar seguramente a una mayor serenidad social para entender que la solución en nuestra casa pasa sólo por invertir en educación, por invertir en igualdad de oportunidades y por invertir en democracia, que no es otra cosa que un proceso cívico de permanente lucha hacia la libertad.

Desde aquí toda nuestra solidaridad, cercanía y reconocimiento público a nuestros conciudadanos caídos ayer en juicio sumarísimo por el delito de expresarse y opinar.

 

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