218441673_6da0d2ad6cEl envejecimiento es una de las claves de la sostenibilidad que más a menudo queda en el olvido. El recientemente publicado trabajo del INE sobretendencias demográficas, sin embargo, es verdaderamente “dramático” y levanta alarmas significativas.

El envejecimiento de la población hará que la población mayor de 64 años se duplique en los próximos 40 años, pasando a ser más del 30% del total…. Con ello, por cada 10 personas en edad de trabajar, en 2049 residirán en España casi 9 potencialmente inactivas (menor de 16 o mayor de 64). Es decir a tasa de dependencia se elevaría hasta el 89,6%, desde el 47,8% actual

Las implicaciones sociales de estas tendencias son más que evidentes y se pueden sintetizar en tres grandes vectores:

PRIMERO. Pasaremos a ser una sociedad de mayores claramente menos dinámica y seguramente menos innovadora.

SEGUNDO. A no ser que nuestras empresas sean mucho más productivas, lo cual parece complicado teniendo en cuenta lo anterior, seremos una sociedad más pobre. Los que trabajan tendrán que hacerse cargo de un porcentaje creciente de personas que no trabajan. O lo que es lo mismo, nos tocará apretarnos el cinturón.

TERCERO. Nuestro sistema de Bienestar social puede entrar en crisis. Por un lado, va a ser muy difícil mantener nuestro sistema sanitario que ya tiene serias dificultades financieras (ver por ejemplo lo que nos señala Luis Garicano en su último post de “Nada es Gratis”) y que se multiplicarán debido al vertiginoso crecimiento del gasto debido al envejecimiento (incremento del gasto sanitario por persona), la creciente complejidad de los tratamientos médicos y la cada vez más exigente y cualificada demanda santiaria de las personas. Por otro, y siguiendo la misma dinámica, nuestro sistema de pensiones será claramente insuficiente para garantizar las prestaciones de los jubilados en los estándares previstos. Lo mismo seguramente se podría decir de otros gastos sociales, como los derivados de la ley de dependencia que están muy correlacionados, lógicamente, con la edad.

No me gustaría, sin embargo, que esto se entendiese como el abismo al que irremisiblemente estamos abocados, sino como tendencias estratégicas a tener en cuenta en la formulación de las políticas públicas. No podemos cruzarnos de brazos y ocultar la cabeza como el avestruz, tenemos que ser capaces de invertir o moderar la tendencia con políticas de impulso de la natalidad que van más allá de pequeños premios financieros por engendrar hijos y que tienen que ver con medidas que concilien seriamente la vida familiar y laboral, un mercado de trabajo más flexible en horarios y la construcción de una sociedad y unos valores que premian clara y realmente la fecundidad. Por supuesto en este capítulo, tendremos que cambiar nuestra decadente y negativa mentalidad social sobre la inmigración, que es una de las vías de escape más claras en este aspecto. Las personas que llegan con ganas e ilusión no son un problema, sino que son una parte muy importante de la solución que necesitamos como sociedad.

Por supuesto, además de invertir la tendencia, tendremos que preparanos para los cambios, con medidas que no son socialmente muy aceptables, pero que tenemos que incorporar en el debate público. Por un lado, el incremento de la edad de jubilación y la incorporación de nuevos puestos y ocupaciones adaptadas a la edad de las personas. Por otro, tenemos que ser capaces de reinventar nuestro sistema sanitario para ganar en calidad y prestaciones y hacerlo financieramente sostenible. El ejemplo de los americanos en este campo (si no se frustra finalmente su reforma sanitaria) nos debe hacer pensar seriamente en Europa. Finalmente, tenemos que idear un sistema de pensiones que no genere incertidumbres, ni frustre las expectativas vitales de muchas personas que no podrán cobrar las cantidades previstas.

Finalmente, la parte más complicada y el principal kid de la cuestión está en cómo somos capaces de avanzar hacia una tejido empresarial más productivo hacia una economía diferente que es capaz de buscar un hueco en la sociedad del conocimiento. La educación es la apuesta más segura a largo plazo y esta unida a un decidido y sostenido impulso de la investigación y la tecnología es la clave de nuestro futuro.

Foto. Peter Boyle bajo licencia Creative Commons en flicker

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