9940452885_4345bbd3c5_nEn un post anterior, veíamos que la estructura sectorial de nuestro tejido productivo con presencia muy importante de sectores tecnológicamente maduros y poco intensivos en conocimiento es una de las razones que explica porque las empresas españolas innovan tan poco. Sin embargo, la cuestión no es si innovan mucho o poco, la pregunta es si innovan menos de lo necesario.

España, en mi opinión, se encuentra en un gran dilema. Las empresas que son las que, en definitiva, tienen que innovar, no sienten la necesidad de innovar, pero el tejido productivo y la sociedad en su conjunto se enfrentan a la cada vez más urgente necesidad de transformación del tejido productivo que presenta importantes signos de debilidad estructural para competir en costes con muchos de los socios de la Unión Europea ampliada y de los países emergentes.

Así, por ejemplo, la industria del automóvil en España y lo mismo se podría decir de otras actividades industriales y de servicios, se enfrenta a riesgos serios de deslocalización no porque sus empresas no innoven lo suficiente, sino porque en buena medida, su mantenimiento depende de decisiones ligadas al proceso de optimización global de la estructura de costes de empresas multinacionales que compiten en base a precios. Las plantas de ensamblaje de vehículos en España cuentan con las tecnologías más avanzadas y los sistemas de gestión y organización más sofisticados (el 40% de las empresas realiza innovación tecnológica frente al 12,5% de media en España y el 36% innovación no tecnológica, frente al 25% de media en España) que les permiten mantener una importante cuota de mercado que da empleo a más de 140.000 personas ¿Es factible, sin embargo, pensar que España pueda tener una posición tan relevante en la fabricación de automóviles de aquí a 10 años vista? -Compitiendo en costes de mano de obra, ¡claramente no! Porque para ensamblar coches hay lugares en Europa, en los que los trabajadores están igual o mejor preparados que en España y cuentan con salarios mucho menores.

En el contexto de una lógica innovadora la respuesta, sin embargo, puede ser muy diferente, porque si bien el ensamblaje tradicional de vehículos se mueve en función de los costes y así seguirá siendo en el futuro, es muy probable que aparezcan en la misma cadena de valor o en otras similares, procesos industriales o de servicios más intensivos en talento y en mano de obra altamente cualificada en los que el coste de la mano de obra no sea una variable crucial de implantación.

Pero para conseguir lograr una posición privilegiada en este tipo de procesos, se precisan  políticas de innovación muy audaces que no pueden derivarse únicamente de la demanda de innovación de las empresas y que precisarán del concurso y liderazgo activo de las diferentes administraciones públicas, de la sociedad civil y, muy especialmente, de los agentes científicos y tecnológicos.

  • En primer lugar, para apostar por las personas y por el talento con el convencimiento de que es el principal recurso de una sociedad moderna y avanzada y el único sobre el que se puede construir ventajas competitivas sólidas y sostenibles en el tiempo. El sistema educativo y la formación a todos los niveles pasan a tener una importancia central en la política de promoción de la innovación.
  • En segundo lugar, para activar y potenciar las actividades de transferencia de tecnología y conocimiento, rompiendo el, muchas veces, diálogo de sordos entre el mundo de la investigación (universidades, centros de investigación, centros tecnológicos) y la empresa y sociedad civil. Transferencia que tiene que servir no sólo para aprovechar los recursos y capacidades existentes en ambos mundos, sino de un modo muy especial para crear cauces sólidos de co-creación y co-emprendizaje que abran oportunidades y posibiliten iniciativas innovadoras ambiciosas y de largo recorrido.
  • Finalmente, aprovechar los cauces de co-creación y co-emprendizaje para definir líneas estratégicas prioritarias que aglutinen las capacidades existentes y den pie a al establecimiento de nuevas iniciativas colaborativas con potencial real para llegar al mercado con nuevos productos, servicios y, en definitiva, nuevo tejido empresarial. De hecho muchas nuevas tecnologías están convergiendo para construir las bases de lo que en Europa y también en el mundo ya se conoce como la nueva revolución industrial basada en la energía verde, el transporte limpio, nuevos sistemas de fabricación, nuevos materiales y sistemas inteligentes de comunicación (ver A Stronger European Industry for Growth and Economic Recovery). Líneas todas ellas que abren un gran universo de oportunidades.

Personas y el trabajo compartido pensando en el futuro son las claves, pero los frutos se verán si todo ello va unido a un sólido liderazgo y visión de largo plazo que ponga su horizonte en la transformación del tejido productivo en base a la innovación.

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