En una situación de crecimiento poblacional desencadenado, la producción local está pasando de ser un hecho casi marginal a integrarse en las nuevas políticas y estrategias de nuestras ciudades. Pese a enfrentarse aún a un largo recorrido, cada vez es más común ver nuevos grupos de consumo, artesanos que utilizan recursos locales, y negocios de horticultura ecológica.

 

Mientras la demanda por estos productos aumenta, los productores se organizan en asociaciones y clústeres con la intención de generar un engranaje capaz de satisfacer al mercado. Esta tendencia no ha pasado desapercibida para comerciantes y hosteleros, que ven en ella una nueva posibilidad para sus negocios. Del mismo modo, las entidades públicas están apostando por incluir los productos locales como marca de ciudad, evaluando positivamente su uso a la hora de adjudicar contratos y licitaciones, así como siendo una de los apartados irremplazables de los Planes de Acción en las Agendas locales 21.

 

Los productos locales se han visto empujados por una sensibilización ambiental “in crescendo” mediante la cual han ido adquiriendo un mayor valor añadido ya que, aparte de potenciar un enriquecimiento más localizado, el impacto que recibe el medio ambiente es mucho menor e incluso a veces, resulta positivo. El consumo de producto local o de Km 0 y de temporada, reduce significativamente los costes de transporte y distribución, la agricultura intensiva y, en definitiva, la industrialización del sector agroalimentario. También conlleva una mayor riqueza de biodiversidad, mejor calidad del aire-suelo-agua, menor generación de residuos, una mayor interacción ciudadana  y un beneficio social para la población.

 

En esta dirección se encamina también la UE, financiando proyectos de soluciones basadas en la naturaleza (NBS) mediante su programa Horizonte 2020. Estas soluciones pretenden adaptar las ciudades al Cambio Climático creando entornos más resilientes con la creación de espacios verdes. Y es ahí donde, junto a los espacios verdes, los huertos urbanos han adquirido una fuerte presencia y reconocimiento. Pronto no nos resultará extraño subir a la azotea de nuestro edificio a regar los tomates y recoger las lechugas.

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