4044558262_a7dd3f806d(2)¿Cómo impulsar la creación de empresas?, ¿cómo generar las condiciones para que las empresas sobrevivan y compitan adecuadamente?, ¿cuáles son los factores que incentivan el desarrollo de nuestro tejido empresarial?, ¿qué podemos hacer para que las empresas no se vayan? Estas son algunas de las preguntas clave que se hacen y a las que tratan de ofrecer respuestas, los responsables de las políticas de promoción empresarial de la mayoría de los países y regiones del mundo.

En la actualidad la última de las cuestiones es la que centra el debate de política industrial tanto en el País Vasco, como en el conjunto del Estado y otros países de la Unión Europea (El caso francés es quizás el más paradigmático con su モLe Plan anti-délocalisationヤ ). Sin embargo, a pesar de la elevada preocupación social, su tratamiento aislado del resto de cuestiones de política de promoción empresarial le hace perder buena parte de su sentido. Nuestro tejido productivo actual es el resultado de una compleja dinámica de nacimiento y desaparición de empresas al que se unen los procesos de desarrollo y promoción empresarial y la モdeslocalizaciónヤ; por una parte, de las empresas que se asientan en el País Vasco, y, por otro y la que más nos preocupa, de las empresas que abandonan nuestro territorio y se localizan en otros lugares.

El mercado cada vez más globalizado es el principal motor que impulsa la dinámica empresarial. La capacidad de competir en los mercados globales de las empresas es la característica básica que identifica su supervivencia y su localización y, en buena lógica, la política de promoción empresarial más efectiva es la que une sus objetivos y actuaciones a la creación, refuerzo y desarrollo de ventajas competitivas sostenibles para sus empresas en un horizonte de medio, largo plazo.

En la nueva Economía del Conocimiento, que Europa apuesta por liderar, la principal fuente generadora de ventajas competitivas duraderas y sostenibles es la innovación. En el País Vasco el principal reto y las mejores alternativas en este nuevo paradigma consiste en que seamos capaces de encontrar modos imaginativos de cubrir demandas o nichos no suficientemente satisfechos por el mercado y desarrollar nuevos productos capaces de abrir amplios mercados potenciales.

Es preciso focalizar los esfuerzos y potenciar al máximo las estrategias públicas que apuestan por la innovación en producto y la aparición de nuevos clusters sectoriales en campos de futuro como las biociencias, los desarrollos de nuevos productos basados en nanotecnologías, las energías limpias u otros capaces de sentar las bases de un nuevo tejido productivo desarrollado y vinculado al territorio.

A este gran reto, se une otro no menos importante que consiste en extender la innovación a la totalidad de empresas vascas tanto industriales, como de servicios. Es hora de desterrar ideas caducas que asocian la innovación con empresas sofisticadas, intensivas en tecnología o las de un cierto tamaño. Todas las empresas vascas tienen que buscar nuevas oportunidades y ventajas competitivas en mejoras tecnológicas, organizativas y de gestión, la incorporación de métodos más audaces de comercialización y la transformación de los modos de participación y motivación de las personas en los procesos empresariales.

Impulsar la innovación se convierte así en la misión principal de la política de promoción empresarial y, también la mejor política de lucha contra la deslocalización.

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