“Los Niños se van del centro de Madrid” proclama un artículo publicado esta misma semana y que hace eco de los datos que muestran cómo los y las niñas están abandonado el centro de las ciudades. Quizás este fenómeno se dé por el precio de la vivienda en el centro, por la cesión al turista de este espacio o por el descenso de la natalidad. Pero la razón del éxodo no se limita a lo mencionado. Los barrios periféricos, no sólo son más baratos, sino que son más amables para que crezcan lxs niñxs.

En 1991 el término “La ciudad de los niños” fue acuñado por Francesco Tonucci (pedagogo y dibujante italiano) para titular su libro “La ciudad de los niños: Un modo nuevo de pensar la ciudad” (Barcelona 1991). La Città Dei Bambini, es hoy una plataforma internacional, que lleva reivindicando desde finales del siglo pasado la creación de espacios amables para la infancia en las ciudades. Pero Tonucci va más allá de crear espacios de juego en la ciudad. Se plantea que sean ellos y ellas quienes cree esos espacios y diseñen la ciudad. Como recoge  “La nueva sociología de la infancia”  (Satta, 2018), las y los niños son sujetos activos; con consciencia y valores propios; y con capacidad de tomar decisiones. No se han de ver como proto-adultos, si no como seres competentes por sí mismos. A la hora de planear las ciudades no se ha tenido en cuenta su voz, no porque no tuvieran opinión, si no porque se han priorizado las necesidades de los adultos frente a la suyas.

El planeamiento urbano condiciona el funcionamiento de la ciudad y de sus habitantes. Hasta la fecha quienes han planeado las ciudades han sido hombres en edad productiva pensando en las necesidades de los hombres en edad productiva. Esto ha desencadenado en las ciudades actuales, zonificadas en áreas de producción y áreas de descanso conectadas mediante una movilidad fuertemente motorizada.

La ciudad de los niños propone alternativas a este modelo, donde niñas y niños puedan ejercer su derecho al juego dentro del entramado urbano, sin necesidad de quedar recluidos en parques o áreas infantiles valladas. La ciudad tiene que planearse de tal forma que los barrios se conviertan en pueblos. Que la infancia pueda desplazarse y jugar sin temor a ser atropellada. Es por ello que se presenta crucial la cohesión social y cooperación ciudadana en el cuidado de lxs niñxs. Que las calles y plazas sean entornos conocidos, donde comerciantes y demás personas usuarias frecuentes del espacio público, como las personas mayores, conozcan a sus vecinas más pequeñas y cuiden de ellas. En definitiva, lo que se busca es que la ciudad sea de los niños.

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