65La cumbre de Copenhague ha sido un fracaso sin paliativos. Paradójicamente, los meses anteriores venían cargados de buenas noticias en cuanto al posicionamiento de los principales emisores. Sin embargo, el marco en el que esos movimientos previos debían haber cristalizado de manera más formal e incluso más ambiciosa ha fallado. Es el momento de reflexionar sobre las causas y ver qué lecciones nos aporta hacia el futuro. Al mismo tiempo, es imprescindible mantener una perspectiva amplia sobre la crisis climática. Esta es mi aportación.

Primero. El primer mensaje que hay que transmitir a la opinión pública y a los gobiernos del  mundo es que no se han perdido dos años – los transcurridos desde la reunión de Bali en 2007-. Se ha perdido una generación.

James Hansen, director del prestigioso Instituto Goddard de la NASA presentó un informe al presidente de los Estados Unidos hace más de 25 años alertando de los riesgos de una alteración climática como resultado de la creciente uso de combustibles fósiles. En 1988, hace 22 años,  las Naciones Unidas y la Organización Climatológica Mundial crearon el Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC) para asentar la ciencia del clima y asesorar adecuadamente a los gobiernos del mundo. Su primer informe está fechado en 1990. En 1992 las naciones de la Tierra firmaron en Río de Janeiro la Convención Marco de las NN.UU sobre Cambio Climático. El protocolo de Kioto se firmó hace ya 12 años.

La ciencia lleva una generación alertando sobre la gravedad de la dinámica de las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, la concentración en la atmósfera de dichas emisiones no ha dejado de crecer. Los graves  impactos derivados de ese proceso son ya plenamente visibles.

Segundo. El cambio climático es un problema global en sus causas y en sus consecuencias. La atmósfera no conoce fronteras. Es un bien común de la humanidad. Al mismo tiempo, un pequeño puñado de Estados/ centros de decisión son responsables de la gran mayoría de las emisiones de GEI.

China, Estados Unidos, Unión Europea, Brasil, Indonesia, Rusia, India y Japón son responsables de aproximadamente dos de cada tres toneladas de gases de efecto invernadero. En sus manos está en gran medida  la llave para reconducir el problema. De todos ellos, solamente la Unión Europea ha estado en los últimos 17 años a la altura de los requerimientos de la comunidad científica internacional.

La Unión ha disminuido de manera significativa sus emisiones apoyando con hechos tangibles su compromiso estratégico hacia este problema. La Unión Europea va a cumplir holgadamente sus compromisos de Kioto disminuyendo sus emisiones entre 2008-2012 en torno al 11% respecto a 1990. Además, ha adoptado una decisión jurídicamente vinculante de seguir disminuyendo sus emisiones en el horizonte 2020 de manera significativa.

Al mismo tiempo, la UE-27 es en la actualidad responsable de “apenas” un 12% de las emisiones totales, mientras que China y Estados Unidos lo son de aproximadamente un 20% cada uno. Por ello, la estrategia de Europa es ir consiguiendo que esos dos grandes emisores se incorporen progresivamente hacia una posición activa de disminución de sus emisiones. Es la estrategia acertada. A medida que los otros big players vayan asumiendo posiciones más activas es inevitable que la UE pierda un cierto protagonismo. Lejos de verse como un problema ha de ser visto como la consecuencia de que el cambio climático entra progresivamente en las agendas políticas de otras capitales decisivas: Washington, Pekín, Delhi, Brasilia, Moscú…

Tercero.  En medio del fracaso de Copenhague, no se ha de perder de vista que la posición ante la crisis del clima de la administración del presidente Obama es cualitativamente más positiva que la de la anterior administración. Hay que confiar que el Senado de ese país apruebe la ley de energía y clima que le ha enviado el Congreso que fija el objetivo de reducir un 4% las emisiones de 2020 respecto a las del año de referencia, 1990. Hay que confiar, también, que la reciente declaración por parte de la Agencia Ambiental americana de que el CO2 es perjudicial para la salud humana permita una serie de iniciativas desde el poder ejecutivo que complementen las iniciativas legislativas en curso.

Desde la perspectiva europea es evidente que la sociedad norteamericana y especialmente su clase política están hoy por hoy muy alejadas del grado de sensibilización y unanimidad que existe en esta parte del mundo. Esa es la realidad y hay que mirarla de frente. También hay que pensar que una vez que Norteamérica ponga a sus científicos, emprendedores, tecnólogos y tejido empresarial a trabajar en la dirección adecuada, la fuerza que van a desplegar va a ser enorme y va a marcar la diferencia respecto al pasado.

Cuarto. La cumbre de Copenhague ha puesto de manifiesto de manera inapelable que ese formato no es el adecuado para negociar un tema tan complejo y con tantas derivadas como este. Me permito citar aquí un artículo mío publicado en este mismo Ateneo hace unos meses, ante la cumbre de Copenhague y titulado “Reorientar la Estrategia”.

En mi opinión, un primer aspecto decisivo en esa reorientación tiene que ver con el hecho de que en 1992, en la cumbre de Río, se optó por una estrategia de las denominadas broad then deep. Se priorizaba la participación de la totalidad de los países de la comunidad internacional en el marco de las conferencias de las partes de las Naciones Unidas. En esas cumbres, tras agónicos esfuerzos, normalmente se alcanzan acuerdos de mínimos entre los países. Poco a poco se procura que los acuerdos sean más ambiciosos. Esas cumbres atraen la atención mediática mundial y se convierten en un foro en el que inevitablemente se dilucidan y presentan múltiples aspectos colaterales. Teniendo en cuenta que hay más de 190 países reconocidos por las Naciones Unidas es fácil entender la complejidad que entraña avanzar hacia los objetivos de mitigación de emisiones con esa arquitectura institucional”.

La cumbre de Copenhague ha confirmado punto por punto esa visión crítica. De hecho, ha sido una caricatura de cumbre pues finalmente han sido un puñado de cinco grandes emisores – China, India, Brasil, Sudáfrica y Estados Unidos- quienes fijaron en el último momento el texto del acuerdo y se lo presentaron primero a la Unión Europea y luego al plenario.

Añadía en el mismo artículo. “En mi opinión, hay que mover la estrategia hacia un modelo deep then broad. Es decir, lograr acuerdos significativos entre los grandes emisores y después extenderlos al resto de países en la arena de las cumbres internacionales. La estrategia deep then broad identifica como clave de bóveda el que China, Estados Unidos y la UE-27 se pongan de acuerdo en las líneas maestras de la solución del problema y que lo hagan a nivel de jefes de estado y de gobierno. Es decir, el centro de gravedad de una estrategia exitosa para encauzar la deriva climática pasaría porque China, Estados Unidos y Europa adopten acuerdos vinculantes y lo hagan al más alto nivel.”.

La pregunta es cómo conseguir de China esa posición de compromiso. Coincido plenamente con las apreciaciones que llegan de la Unión Europea en el sentido de que China ha sido el principal palo en las ruedas que se ha encontrado la cumbre. Parapetada tras el G-77 ha llevado las reuniones una y otra vez a un callejón sin salida, hasta que en el último minuto ha juntado a sus aliados más cercanos y decisivos en este tema – los países BASIC, Brasil, Sudáfrica, India y China- para presentar un acuerdo de mínimos.

¿Cómo conseguir que en los próximos meses su poción pase a ser más comprometida y más vinculada a los objetivos propuestos por la comunidad científica? En mi opinión, sólo hay un camino. Que Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, condicionen  las relaciones económicas, comerciales, tecnológicas, científicas con China al hecho de que este país pase a ser un actor decididamente responsable en el tema climático.

Quinto. La presidencia española de la Unión Europea ha de dedicar una atención preferente a reconducir el marasmo dejado por la cumbre de Copenhague.

La Unión ha sido, es y seguirá siendo un actor imprescindible en la reconducción de la crisis climática global. Desde ya mismo, la UE debería movilizar todo el potencial de su Servicio Exterior diplomático dirigido por la señora Ashton para negociar de manera precisa con China, – también pero en otro nivel con India, Brasil, Rusia y Sudáfrica -, los términos concretos de su implicación.

Al mismo tiempo, habría de forjar una entente amistosa con Estados Unidos y Japón dejando claro el compromiso firme del mundo más industrializado con la solución de la crisis del clima.

 

Sexto. Las emisiones totales de la humanidad han de alcanzar un cénit como tarde en 2020. Lo que está en juego si se sobrepasan determinados umbrales de concentración de  gases de efecto invernadero es  la supervivencia misma de la civilización y la destrucción de una buena parte de la vida sobre la Tierra. Por encima de los dos grados centígrados de incremento en la temperatura media de la atmósfera, la humanidad se adentrará en un territorio desconocido, inhóspito para las personas, letal para buena parte de las formas de vida que comparten el planeta Tierra con el homo sapiens.

Nadie ha dicho que es una tarea fácil. En el pasado tampoco lo fue triunfo de la Ilustración y el gobierno de los ciudadanos, la superación de la esclavitud, la igualdad de la mujer, la derrota del fascismo europeo, del militarismo imperial nipón, del totalitarismo estalinista, la Carta de los Derechos Humanos, la persecución urbi et orbe del genocidio… ¿Quién ha dicho que esas grandes conquistas de la humanidad fueron fáciles? Requirieron la pasión, la inteligencia, la generosidad, la solidaridad, el ansia de libertad, empatía y compasión, de millones de hombres y mujeres, esfuerzos sostenidos con determinación y perseverancia, durante mucho tiempo, décadas, siglos incluso. Reconducir la crisis del clima es una tarea a la altura de esos grandes retos y logros del espíritu humano.

Finalmente. Quiero añadir que como ciudadano europeo me siento orgulloso del papel que la Unión Europea ha desempeñado ante la crisis del clima en general y ante Copenhague en particular.  Orgulloso delhonorable papel que han desempeñado líderes como Gordon Brown, Angela Merkel, Nicholas Sarkosy,  Rodríguez Zapatero, Barroso, Fredrik Reinfeldt, Andris Piebalgs, Connie Hedegaard, Ed Miliband…. Me siento orgulloso del nivel de conciencia y compromiso existente en la sociedad civil europea, en sus ONG, en sus empresas, en sus instituciones comunitarias, nacionales, regionales y locales.

El cambio climático va a definir el siglo XXI  ha dicho acertadamente Ban Ke Moon, Secretario General de las Naciones Unidas. Las generaciones que nos precedieron en la primera mitad del siglo XX fracasaron penosamente al no haber sabido desactivar a tiempo las dos Guerras Mundiales que arrasaron a la humanidad dejando tras de sí un reguero de 100 millones de muertos. El reto de nuestra generación es desactivar a tiempo la gravísima carga de profundidad que conlleva el cambio climático.

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