Estamos hartos de oír e incluso de decir que la innovación es rentable para las empresas (ver aquí, o aquí), pero la cruda realidad es que muy pocas empresas españolas invierten en innovación tecnológica o no tecnológica; 41% en 2010. La cifra está prácticamente a la cola de los países Europeos (posición 24 de 31), muy lejos de los países líderes como Alemania (79,3%) o Luxemburgo (68,1%) y más de un 40% por debajo de la media de UE15 (ver gráfico, realizado en base a datos de Eurostat). Con cifras del INE, el porcentaje de empresas innovadoras entre 2009 y 2011 es todavía peor y solo llega al 31% y discriminando por tipo de innovación la situación es aún más extrema: 12,5% son innovadoras tecnológicas y no llega a una cuarta parte las que llevan a cabo actividades de innovación no tecnológica.

Porcentaje de Empresas Innovadoras. Año 2010

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Fuente. Eurostat

Parecería como si todos, nuestra administración, los analistas más sesudos, los investigadores …, se han enterado de que la innovación es rentable, pero los empresarios están en la inopia. Si esto fuera así, bastaría con las políticas de información y de sensibilización, pero me temo que las empresas están más que al tanto de las bondades de la innovación, aunque éstas parece que no acaban realmente de convencerles.

Se podría argumentar, también, que la causa fundamental está en las dificultades financieras que encuentra la empresa y la notable dificultad para encontrar crédito para actividades de riesgo en nuestro sistema financiero. Es patente que, la situación actual del sistema financiero español no está para florituras y el crédito no llega siquiera para financiar el circulante y mucho menos las inversiones en intangibles como la innovación que los bancos ni entienden, ni se fían. En mi opinión, sin embargo y aunque sí que existen excepciones muy relevantes, tampoco es ésta una de las razones primarias; las dificultades financieras no eran tan graves antes de la crisis y las ayudas, subvenciones y desgravaciones fiscales para proyectos de innovación ni eran ni son en la actualidad nada despreciables ni tampoco están por debajo de las que se ofrecen en otros países de la UE (Según Eurostat alrededor del 27% de las empresas innovadoras reciben algún tipo de ayuda pública en España, frente al 22% en Alemania)

Resulta evidente que las explicaciones no pueden ser tan ingenuas. Los empresarios son los que principalmente asumen el riesgo, los que conocen mejor el mercado en el que actúan y los que, en definitiva, compiten y se juegan el sostenimiento de su empresa a medio plazo. Si no invierten en innovación debe ser porque existen razones estructurales y de peso que hacen que su rentabilidad no sea tan evidente como reflejan los estudios….

¿No será que la tipología de empresas que tenemos en España no necesitan innovar tanto para ser competitivas en el corto plazo? Veamos,

  • Sólo echando una ojeada a la innovación por sectores (ver cuadro), se pone en evidencia las importantes diferencias existentes. Mientras que en el sector Servicios de I+D, la industria del petróleo, la farmacia u otro equipo de transporte, el porcentaje de empresas innovadoras supera el 68%, éste no llega al 7% en sectores como la hostelería, las actividades administrativas, la construcción y las actividades inmobiliarias. La diferencia está en que el primer colectivo se trata de alrededor de 700 empresas de más de 10 empleos y en el segundo la cifra asciende a casi 48.000 empresas.
  • Por otro lado, si realizamos unas sencillas y rápidas regresiones (ver gráficos adjuntos) con datos de países europeos entre el porcentaje de empresas innovadoras respecto al porcentaje de empleo en empresas de alta tecnología, el porcentaje de empleo en servicios intensivos en conocimiento y porcentaje de empleo en servicios intensivos en conocimiento y alta tecnología, las estimaciones nos muestran que el porcentaje de empresas innovadoras en España, se encuentra donde le correspondería por su estructura sectorial: un 3,34% del empleo en sectores de alta tecnología frente al 4,4% en UE27, un 28,2% del empleo en sectores intensivos en conocimiento, frente al 33% en UE27 y 2,9% del empleo en servicios intensivos en conocimiento y alta tecnología, frente al 3,3 en UE27.

Lógicamente se precisarían análisis más rigurosos para establecer conclusiones más definitivas, pero no cabe duda de que los datos apuntan a que la innovación empresarial en España está estrechamente vinculada a su estructura sectorial, lo cual muestra el verdadero problema de nuestra economía: empresas que no sienten la necesidad de innovar, en un país que necesita urgentemente transformar su tejido productivo. No precisamente para quedar mejor en las estadísticas de innovación, sino para rellenar el socavón que tenemos en el mercado de trabajo.

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