Octava jornada de la COP21.

India está siendo acusada de ser uno de los mayores obstáculos al progreso de las negociaciones de la COP21. Occidente acusa a India de su inaceptable postura, mientras que el gobierno y las ONGs indias sienten que se pretende usar a india como chivo expiatorio del fracaso de las negociaciones. El INDC (contribución determinada nacionalmente) enviado por India peca de subestimar sus emisiones futuras y no establecer un límite máximo a sus emisiones. Esto, unido a su modelo de desarrollo basado en el carbón como fuente primaria de energía, hace que su postura sea difícilmente reconciliable con los objetivos de la cumbre. Insisten en el principio de Responsabilidad Compartida pero Diferenciada, y exige responsabilidades a los países ricos por ser los principales causantes del cambio climático. Sin embargo, la propia India es ya el tercer mayor emisor de CO2 del mundo, lo cual es usado por occidente para exigirle responsabilidad a esta potencia emergente.

India habla de “justicia climática”: el desarrollo de las potencias actuales se ha basado en las emisiones. Por lo tanto, para que los países pobres puedan a su vez crecer, se les debe permitir emitir por el momento. De cara a mantenerse dentro del límite de seguridad de los dos grados, esto significaría que los países más desarrollados deberían reducir sus emisiones aún más de lo propuesto actualmente para dejar ese espacio al crecimiento de los países en vías de desarrollo. Y esto significa una cosa: India está pidiendo que los países ricos “decrezcan”. Casi nada.

Mientras tanto, China se está manteniendo prudencialmente al margen en las negociaciones. Se dice que, al igual que ocurrió en Lima el año pasado, se va a terminar por alinear con las potencial occidentales, abandonando el grupo de los países menos desarrollados (del cual ha formado parte desde la Conferencia de Estocolmo en 1972). Se habla de una posible alianza de último entre China, Estados Unidos y Francia que determine in extremis el curso de las negociaciones.

La situación es tensa, y algunos expertos temen que al final solo se llegue a un acuerdo débil y no vinculante que no será capaz de alcanzar el objetivo de los dos grados de calentamiento máximo. Las prioridades nacionales en juego en esta cumbre son difíciles de conciliar, y por ello es tan difícil y a la vez tan importante llegar a un acuerdo que ya se está haciendo imprescindible. Pero recordemos que gran parte del acuerdo ya se ha escrito, y las perspectivas son buenas.

 

 

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