El gobierno luso presentó un plan, en vísperas de la COP24, para descarbonizar su economía para 2050, lo cual incluye una vía para descarbonizar el 98,5% de su sector de transporte. El plan presentado incide en la reducción de viajes innecesarios, el fomento del transporte público, los modelos de transporte y movilidad compartidos, y la integración de energías renovables, en lugar de un cambio instantáneo de política energética hacia el transporte eléctrico.

 

En el sector del trasporte, Portugal se marca como objetivo reducir las emisiones un 50% para 2030, un 84% para 2040, y un 98,50% para 2050, tal y como recoge El Periódico de la Energía. Las emisiones no desaparecerían al cien por cien, por lo que se reserva un papel destacado a los biocombustibles renovables. El plan asume que ciertos tipos de transporte, como la aviación, el transporte marítimo, y el transporte de larga distancia, no son fáciles de electrificar. Para 2030, se pretende que los biocombustibles supongan el 25% del consumo.

 

En cuanto a los automóviles, el gobierno luso cree posible que para 2040 el tercio de los desplazamientos se realicen utilizando la movilidad compartida, apuntando a que, actualmente en Europa, los vehículos están parados el 92% del tiempo y transportan a tan solo 1,5 personas por viaje. Para 2043, todos lo vehículos serían completamente eléctricos.

Los esfuerzos de Portugal se pueden enmarcar en el objetivo de la Comisión Europea para conseguir que el bloque común se convierta en la primera gran economía baja en carbono antes de 2050. Algunos de los elementos clave de la estrategia presentada por la CE el pasado 28 de noviembre incluyen la plantación de árboles y la captura subterránea de gases de efecto invernadero como el metano y el carbono dióxido.

 

Una economía baja en carbono es una economía que emite un mínimo de gases de efecto invernadero hacia la biosfera y, específicamente, un mínimo de dióxido de carbono. La Unión Europea se plantea conseguir esto gracias al incremento de la obtención de electricidad mediante tecnologías existentes como las energías solar y eólica hasta un 80% del total. También se plantean medidas de eficiencia energética como el aislamiento térmico de las viviendas, con tal de reducir el consumo energético hasta la mitad antes de mediados de siglo.

 

La presentación de estos esfuerzos entorno a la COP24 coincide en el tiempo con la preocupante noticia de que, en 2018, las emisiones de CO2 no han disminuido, sino que han aumentando a nivel mundial por primera vez en cuatro años.

 

La CE asegura que las medidas permitirán cumplir los objetivos del Acuerdo de París, y que, a pesar del montante de inversiones necesarias, ayudarán a que el PIB crezca un 2% hasta 2050. Las medidas permitirían que las exportaciones de energía se reduzcan hasta un 70%, lo cual supone un ahorro de tres billones de euros.

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