Las ciudades ocupan tan solo el 2% de la superficie terrestre, pero emiten más del 70% de gases de efectos invernadero y consumen más del 60% de la energía. Son por tanto el campo de batalla donde mitigar el calentamiento global y mejorar nuestra eficiencia, y ante una población mundial cada vez más urbana, lugares que se deben adaptar a las posibles consecuencias del cambio climático. Para ayudar en el tránsito a ciudades más sostenibles y con mayor bienestar, un proyecto europeo ha alumbrado la tecnología Decumanus, que combina las imágenes por satélite, el Internet de las Cosas, el Big Data, y el procesamiento y análisis de los datos, para que administraciones locales y ciudadanos puedan monitorizar con gran detalle la calidad del aire o la eficiencia energética de sus calles y barrios, y tomar las decisiones oportunas.

 

Concretamente, la iniciativa Decumanus mide hasta 90 indicadores sobre siete grandes cuestiones: clima urbano, calidad del aire, impacto en la salud del ciudadano, control de eficiencia energética, uso del suelo, impacto sobre la población, y calidad del agua. Con estos mimbres, la herramienta promete poder conocer las áreas más contaminadas de la ciudad, identificar focos medioambientales de problemas de salud, estudiar la distribución de zonas verdes, o identificar si los servicios que recibe un barrio son los adecuados según su conectividad con otros distritos. El sistema podría también detectar edificios concretos con baja eficiencia energética, y calcular el coste y el ahorro de su rehabilitación. No obstante, la herramienta está pensada para realizar simulaciones y conocer los efectos de medidas y políticas concretas para la reducción de emisiones CO2, la mejora de la eficiencia energética, la sostenibilidad y el bienestar.

 

El proyecto, sufragado por el Séptimo Programa Marco (7PM) de la Unión Europea, ha sido liderado por la multinacional tecnológica Indra con la participación de la Federación de Municipios Europeos, las empresas Eurosense, Geoville y Controlware del Centro Aeroespacial de Alemania, y la Universidad Politécnica de Madrid y la University of the West of England. La tecnología se ha probado en un proyecto piloto llevado en cabo en Madrid, Londres, Milán, Amberes y Helsinki, con la colaboración de las respectivas autoridades.

 

 

 

 

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