5034263269_b99543e558_bLa actividad científico-tecnológica está íntimamente ligada al progreso; poseer un sistema propio de generación de conocimiento es un requisito imprescindible para participar con pleno derecho en el concierto de los países desarrollados. Por ello, la competitividad de un país vendrá en buena medida determinada por la capacidad de los agentes que interaccionan en él de generar, adaptar, utilizar y explotar conocimientos desarrollados dentro o fuera del sistema. La presencia de una oferta y unas infraestructuras científico-tecnológicas y de innovación adecuadas  se revela, pues, determinante de la capacidad de un país de generar e incorporar nuevos conocimientos y de gestionar la innovación, al suponer una herramienta de valor al servicio del conjunto de agentes económicos y sociales y, en particular, al servicio del sector empresarial.

Euskadi posee en  la actualidad una de la más potentes redes de infraestructuras científico-tecnológicas del Estado y, sin duda, la más importante en cuanto a su ligazón con la empresa. Actualmente la Red Vasca de Ciencia, Tecnología e Innovación (RVCTI) está formada por cerca de 70 centros que engloban a más de 2.500 investigadores (sin contar los correspondientes al sistema universitario vasco) y facturan anualmente en torno a los 180 millones de euros.

La Red engloba, de hecho, al conjunto de organizaciones y agentes institucionales que, en el marco de la C.A. del País Vasco, realizan actividades orientadas a la generación y difusión de conocimientos sobre los que se soportan los procesos de innovación empresariales que, a la postre, impulsan buena parte del desarrollo económico y social del país. La actividad del conjunto de agentes ha permitido, a lo largo de los últimos quince años, reorientar y consolidar la competitividad del sector productivo vasco y, especialmente, a la élite empresarial del país.

Esta imagen tan positiva del papel jugado por la Red es válida, realmente, en la medida que nos comparamos con la situación de hace quince o veinte años cuando padecíamos las consecuencias de una profunda crisis y donde las capacidades tecnológicas de Euskadi eran exiguas. Y también puede resultar válida si nos comparamos con España que, en Ciencia y Tecnología, no debe ser nuestra principal referencia.

De cara al futuro, es indudable que nos encontramos en los albores de una nueva era económica que plantea un nuevo modelo competitivo. Es esencial, por tanto, analizar el actual modelo de centros y del papel que estos agentes deben jugar en la conformación de un Sistema de Conocimiento e Innovación líder en excelencia científico-tecnológica y en generación de oportunidades económicas y de nuevas actividades empresariales.

En este sentido, puede ser necesario escuchar a los responsables políticos su compromiso con la formulación de una revisión crítica del actual modelo de centros y del papel que estos agentes deben jugar hoy día. No hay que olvidar, por ejemplo, que un único agente de los considerados bandera intelectual de la Red (los Centros Tecnológicos) acoge al 43% de todos los investigadores con titulación de doctor; por otro lado, durante 2002, el número total de investigadores extranjeros visitantes en los Centros Tecnológicos fue solamente de 11 personas; también durante 2002, el número de investigadores de Centros Tecnológicos vascos que realizaron estancias en el extranjero superiores a dos meses fue sólamente de 16; finalmente, por poner un último ejemplo ilustrativo, el ratio de solicitudes de patentes por empleado en centros tecnológicos de referencia en Europa como VTT (Finlandia) o TNO (Holanda) es similar al ratio de solicitudes del conjunto de Centros Tecnológicos de la CAPV calculado para todo el histórico de años.

Una de las primeras implicaciones en torno a todas estas consideraciones es la necesidad de un モredimensionamientoヤ de las estrategias de competitividad de los propios agentes que conforman la Red. Ahora se trata no tanto de difundir y transferir conocimiento como de incrementar la capacidad de generarlo. Este objetivo de contribuir a generar nueva tecnología por parte del Sistema de Ciencia y Tecnología de Euskadi requiere dar pasos perfectamente orientados. Para ello, los agentes deben ser capaces de profundizar en la cultura de la colaboración y del trabajo en red para fortalecer la masa crítica del conjunto del sistema y ser capaces de dar respuesta a necesidades cada vez más sofisticadas y específicas para crear ventajas singulares para las empresas y el conjunto de la sociedad. El trinomio compartir, cooperar, competir es la clave, el lema y el único modo de avanzar.

La (todavía) tímida concentración de agentes en torno a dos grandes corporaciones tecnológicas debe pasar a ser, pues, un elemento central en la configuración de la futura Red Vasca de Ciencia, Tecnología e Innovación. Una integración no sólo formal sino también funcional del grueso de los agentes científico-tecnológicos apoyados directa e indirectamente desde el sector público. La lógica es dotar también de mayor racionalidad el Sistema, ganar en masa crítica, aumentar las posibilidades de desarrollar proyectos más ambiciosos y alcanzar una mayor conectividad internacional.

Por otro lado, la internacionalización del conjunto del  Sistema Vasco del Conocimiento y la Innovación es otro requisito fundamental. La presencia de la Red Vasca de Ciencia, Tecnología e Innovación en el Espacio Europeo de Investigación (ERA) debe ser una meta que no es sólo necesario alcanzar para situarse con los mejores en las distintas disciplinas científicas y tecnológicas, sino también como una vía que debe contribuir decisivamente a reducir con mayor rapidez los déficit que tienen su origen en una situación de partida desventajosa.

En tercer lugar, la tecnología y el conocimiento generado por estos agentes debe estar al servicio de la empresa y de las necesidades presentes y futuras de los ciudadanos y del conjunto de la sociedad. Los agentes científico-tecnológicos tienen que ser socios estratégicos de los distintos clusters y sectores estratégicos del país, aportar sus capacidades y transferir sus conocimientos en los retos de innovación que éstos se planteen en cada momento. Y debe hacerlo no sólo entre la élite empresarial del país sino extenderlo a mayores capas del tejido productivo vasco.

Finalmente, Euskadi lleva invirtiendo mucho dinero y esfuerzo en sus Centros y Agentes Científico-Tecnológicos. En una etapa de transición, como en la que nos encontramos, hacia una economía vasca basada progresivamente en sectores intensivos en tecnología, el retorno a la sociedad de la inversión que ésta realiza en su base científico-tecnológica debe caracterizarse cada vez más por una aportación rotunda de estas instituciones a la conformación de un nuevo entorno empresarial. Y esta contribución, entendemos algunos, fundamentalmente debe tomar la forma de nuevos productos y nuevas empresas que posicionen al País Vasco como centro de negocios de referencia y que proporcionen una salida atractiva a la crisis en ciernes que cuestiona buena  parte del tejido empresarial actual, especializado aún en sectores de baja intensidad tecnológica o en acitividades cuya competitividad viene marcada por cuestiones como el coste de la mano de obra y que van a ir migrando, al parecer indefectiblemente, hacia otros entornos.

De no avanzar en esta dirección, quizás alguien habría de replantearse el actual modelo financiero que dota de amplias partidas presupuestarias del erario público a estas instituciones tecnológicas en detrimento de otros modelos eventualmente válidos basados en la existencia de Organismos estrictamente públicos de investigación y desarrollo tecnológico (opción que, en la práctica, está abandonada en Euskadi) o en la libre competencia del mercado de servicios tecnológicos (en los que muchos de los centros buscan también un buen pellizco de su financiación).

Un stock de organizaciones científico-tecnológicas pujante se configura, a nuestro entender, como la principal escuela de líderes sociales de un país y una fábrica inmejorable de capacidades intelectuales para la mejora del bienestar social, la competitividad económica y, lógicamente, el desarrollo científico y tecnológico. Pensamos que Euskadi no debe permanecer al margen de este proceso sino mostrar un compromiso claro, definido y permanentemente actualizado.

Estamos ya en un nuevo ciclo donde competimos también como sociedad  y donde el conocimiento es ahora el gran paradigma sobre el que pivota nuestro devenir económico, social, ambiental y cultural. Hay que entender, por tanto, que se trata de la necesidad de establecer un cambio de escenario respecto al modelo anterior. La política de Ciencia y Tecnología debe reinventarse también en todo este ámbito y plantear para el próximo futuro un conjunto de pautas decididas en esta dirección.

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