La Smart City o ciudad inteligente debe ser una ciudad integradora y participativa. Las ciudades ya no son de unos o de otros, son de quienes las habitan y comparten desde una comprensión glocal. La convivencia, el respeto y la colaboración son las vías fundamentales para el desarrollo de las nuevas ciudades. El enfoque correcto para enfrentarse a los desafíos a los que se someten las urbes no debe ser sino con la participación abierta a todos los habitantes de la ciudad mediante debates, foros, plataformas digitales, talleres e incluso con eventos culturales que aboguen por la multiculturalidad y la integración.

Las tecnologías aplicadas en las ciudades tienen que permitir adaptar las ciudades a las personas y no las personas a las ciudades. Para que la ciudad pueda estar nutrida de políticas que reflejen la realidad social es necesario que existan mecanismos y herramientas digitales que sepan recoger y facilitar canales de participación ciudadana.  Estas tecnologías y aplicaciones de la ciudad hacen posible que los ciudadanos puedan interaccionar con los ayuntamientos y la administración para conformar una ciudad viva que se alimente en directo de las percepciones ciudadanas es un enorme paso hacia una ciudad sostenible, inteligente y participativa.

Las ciudades deben enfrentarse a los retos mediante la participación abierta a todos los niveles de la ciudad mediante debates, foros, plataformas, talleres, como con eventos culturales que aboguen por la sostenibilidad, la multiculturalidad y la inclusión. Estos formatos de participación pueden y deben incluir una base tecnológica para ampliar el abanico social y facilitar la participación a todas las esferas y realidades humanas, que conlleven a una mayor riqueza y diversidad de criterios en la conformación de una ciudad sostenible y una comunidad empoderada. De esta manera se reequilibra el peso que sostiene el gobierno central para balancearlo en favor de la ciudadanía.

Una ciudad integradora y participativa debe saber apoyarse en las tecnologías digitales para facilitar los procesos de participación y empoderamiento ciudadano en busca de convertirse en una Wise City* o ciudad sabia. Aplicaciones, plataformas, y redes basadas en las tecnológicas son un avance claro en la co-creación de una ciudad colaborativa. Se debe conseguir la configuración de una ciudad donde los conciudadanos estén implicados en la gestión y desarrollo de la ciudad y empleen las herramientas digitales para solventar y co-crear la ciudad.

*Wise City: “El concepto de wise cities surge de la evidencia creciente de que las smart cities no han conseguido crear ciudades más inclusivas, sostenibles y democráticas. Uno de los grandes retos al que se enfrentan los planificadores y gestores urbanos de este siglo es el diseño de un modelo urbano centrado en las personas que tenga en cuenta la idiosincrasia de cada ciudad y su trayectoria cultural con el fin de evitar un enfoque que plantee “un modelo único para todos”. El objetivo último del modelo de wise city debe ser la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos, incluyendo su felicidad y bienestar subjetivo, en las ciudades resilientes”.

JUAN IGLESIAS
URBANISTA AMBIENTAL
NAIDER

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