Las noticias acerca de los impactos que el cambio climático comienza a tener en el medio natural y nuestra sociedad continúan aumentando. El problema del cambio climático es que las posibles soluciones o modos de abordarlo propuestos se han ido simplificado. Hasta tal punto que todo lo que tenemos que hacer es desarrollar la tecnología necesaria para dejar de usar combustibles fósiles y plantar una gran cantidad de árboles. Estos actos reducirían el exceso de dióxido de carbono producido por el hombre.

Sin dejar de ser cierto, los medios de comunicación se han hecho eco de dichos ejemplos simplistas para mitigar y adaptarse al cambio climático, mostrando titulares como:

  • “Esta máquina acaba de comenzar a aspirar CO2 del aire para salvarnos del cambio climático” (Fast Company, mayo de 2017).
  • “Al succionar carbono del aire, la empresa suiza gana nuevos fondos para el cambio climático” (Reuters, agosto de 2018).
  • “Estas empresas lideran la lucha contra el cambio climático” (CNN Business, octubre de 2018).

¿Cuál es el mensaje no dicho detrás de estas noticias? El cambio climático es un tipo de “problema” monetizable que las empresas y la tecnología pueden “resolver”, como si se tratara de solucionar el problema de una cadena de suministro o una crisis de relaciones públicas.

Pero no lo es. El cambio climático es un problema político y requiere de una solución política. Gran parte de nuestra sociedad se encuentra “hipnotizada colectivamente” por la industria tecnológica, creyendo que todo se puede resolver con innovación y más dinero arrojado al sector tecnológico. Si dejamos que únicamente la tecnología aborde el problema del cambio climático, es posible que nos veamos avocados a ejemplos como el siguiente: los gobiernos mundiales contratan la captura de carbono a un grupo de empresas tecnológicas, a quienes la sociedad paga para alquilar sus equipos y mantener el cambio climático en un estado estable. Si se soluciona el problema y se eliminan todo el exceso de carbono de la atmósfera, sus servicios se vuelven inútiles, lo cual va en contra de sus accionistas e inversores. Esto tiene grandes repercusiones sociales y ambientales, ya que dichas empresas y agentes privados intentan mantener el problema para poder seguir obteniendo beneficios.

Los cambios que necesitamos deben ser transformadores y de naturaleza sociopolítica. El problema radica en que esto requiere un mayor esfuerzo colectivo. Si echamos la vista atrás, veremos que ya se han llevado a cabo cambios igual o más drásticos que el actual, los cuales parecían improbables en épocas pasadas. Por ejemplo, la liberación de los esclavos en EE.UU en el Siglo XIX reducía la libertad de sus amos, al igual que las leyes laborales y sociales posteriores reducían la libertad de los empresarios. Hoy en día las empresas ya no son libres de despedir a sus trabajadores y empleados sin ningún motivo, y también han perdido la libertad de reducir los salarios por debajo del nivel de subsistencia. Todas estas leyes y prohibiciones, inimaginables no hace tanto tiempo, han acabado limitado la libertad del hombre para explotar al hombre. Algo que, hoy en día, agradecemos y nos beneficia colectivamente.

Resulta necesario un enfoque similar en la lucha contra el cambio climático. Necesitamos acuerdos políticos intergeneracionales que, a pesar de reducir en cierto grado nuestra libertad actual, aseguren el bienestar futuro de nuestra especie y planeta. Las trabas iniciales por parte de empresas, gobiernos e incluso nosotros mismos serán grandes. Pero de aquí a unos pocos años, las limitaciones y leyes que se establezcan para crear una sociedad más sostenible nos parecerán no solo normales, sino incluso insuficientes. Recordemos: el cambio climático es un problema político, no tecnológico, y requiere de soluciones políticas para lograr la transformación social que necesitamos.

Julen González Redín
PhD en Desarrollo Sostenible
NAIDER

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