Exit_Through_the_Gift_Shop-425485182-largeGeneralmente se ha delegado el deber de la intervención pública al Estado y se ha dejado en el olvido a otro actor importantísimo: el individuo.

Ahora bien, la dificultad de centrarse en el individuo radica en dilucidar qué es el bien común, en saber si lo que me gusta a mí le gustará al resto. Hoy, con los medios técnicos creativos al alcance de la gente (imprentas gráficas prêt a porter, cámaras en el móvil, medios de prensa gratuitos en forma de blog, como éste, etc.) todos somos artistas. Todos somos curadores. Se ha roto el muro del mainstream oficial y ha surgido una confusión sobre qué es el canon cultural, resultando en que el gran público trata de consultar, cual oráculo incontestable, las tendencias de mercado.
Éstas cuestiones y muchas otras se nos plantean en el interesante, mordaz y cáustico documental “Exit Through the Gift Shop” del afamado artista callejero Banksy.

La denuncia, bandera que ha agitado hasta el cansancio nuestro paladín de los artistas ninguneados, ha tratado de escapar, sin estar convencido del todo, del establishment, para ser actor protagónico del mismo establishment.
Con una campaña de publicidad sumamente agresiva, ha logrado ser elgraffitero de referencia mundial, incluso ocultando su propia identidad a la masa.

Ello no le ha impedido llegar a presentar su obra en espacios como la Tate Gallery en Londres o candidatear al Óscar, como lo ha anunciado la Academia norteamericana. Banksy es candidato al premio como mejor documental en 2011 criticando a un sistema que ahora lo ensalza.

Este artista -artesano para algunos- británico caricaturiza además al gran fantasma de la especulación. Ese fantasma que en el campo financiero ha logrado ser protagonista fundamental de la crisis económica por la que atravesamos y que se ha introducido como un virus por los meandros de la sociedad. El espectro cultural no ha quedado inmune.

En España vemos que el exceso de infraestructuras para el arte va ganando la batalla a la verdadera y efectiva gestión cultural. Si el Guggenheim de Bilbao o la Ciudad de las las Artes y las Ciencias de Valencia fueron un modelo de desarrollo, hoy cualquier pueblo o capital de provincia tiene su “nuevo espacio de creación”. Eso no es mala noticia, ni para Avilés, ni paraGijón, ni para San Sebastián, ni para A Coruña, pero se corre el peligro de una inflación de infraestructuras sin verdadero apoyo al germen creativo: el artista.

Y en las calles es donde surge el virtuoso. En la vida urbana, en la rural, en el trabajo, en la familia, en los bares.

Brindo por Banksy, agitador cultural y promotor del espacio público. Provocador y contestatario que busca formas de expresión, si es necesario luchando contra el sistema, contra el alcalde de turno, contra la policía, contra sus colegas de profesión y contra el mercado que tanto le ha ayudado cuando fue necesario.

¡Bienvenidos a la guerrilla publicitaria post 11-S!.

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