Nuestra visión acerca de la importancia de la naturaleza y el lugar que ocupamos en ella ha cambiado drásticamente a lo largo de los siglos. La visión actual tiene una gran influencia en la conservación del medio ambiente, tanto desde un punto de vista científico como de toma de decisiones política. A continuación, se muestra la cronología de cómo ha variado la visión acerca de la conservación de la naturaleza en las últimas décadas:

< 1960: La naturaleza por sí misma

Hasta la década de los 60, el pensamiento acerca de la conservación del medio ambiente se centraba en un pensamiento idealista de lo natural, en donde se consideraba que la naturaleza, cuanto menos alterada y antropizada, mejor. La naturaleza tenía un valor intrínseco, per se, donde la conservación se centraba en el valor de lo salvaje y de las reservas naturales inalteradas. Uno podría relacionar este pensamiento con el movimiento hippie.

1970-1980: La naturaleza a pesar del ser humano

Cuando empezó a ser obvio que las actividades antrópicas tenían un impacto negativo en la naturaleza (contaminación industrial, etc.), nos dimos cuenta de que el paradigma anterior no era suficiente para conservar el medio ambiente. El paradigma de conservación viró hacia la importancia que tenía el impacto del ser humano en las especies de plantas y animales, así como en el estudio de métodos para reducir dichos impactos. Como consecuencia, las áreas protegidas incrementaron su presencia e importancia, y se convirtieron así en la principal herramienta de conservación.

1990: La naturaleza para el ser humano

En la década de los 90, la conservación ya había adquirido una visión más holística de la naturaleza. La sociedad comenzó a apreciar entonces la importancia de la naturaleza para mantener nuestro bienestar y calidad de vida. Aquí, los servicios ecosistémicos se empezaron a considerar cruciales para proveer agua y aire limpios, comida, minerales y otros muchos bienes y servicios. Los conservacionistas comenzaron a considerar nuevas métricas para medir la aportación de la naturaleza, tales como los tamaños de población (de especies) mínimos viables, los ecosistemas, entre otros.

2000-2010: La naturaleza y el ser humano

El siguiente cambio de paradigma se basó en la valorización, sobre todo económica, de las relaciones a largo plazo entre el ser humano y la naturaleza. Los servicios ecosistémicos tomaron cada vez más valor, y se empezó a aceptar que la naturaleza provee con más beneficios de los que inicialmente se pensaba, incluyendo beneficios más abstractos. El objetivo pasó a ser la producción y explotación sostenible del medio a largo plazo.

> 2020: ¿La re-integración del ser humano en la naturaleza?

Y ahora, ¿hacia dónde se dirige la conservación de la naturaleza? Nuestro principal objetivo debería ser integrar nuestro sistema productivo y económico en los ciclos naturales de los ecosistemas. Es decir, co-evolucionar junto, y como parte de, la naturaleza. Para ello, ya existen innumerables marcos que se empiezan a aplicar tanto a nivel gubernamental como empresarial: economía circular, objetivos de desarrollo sostenible (ODS)

La visión y enfoque que utilicemos para conservar el medio ambiente será vital para el diseño de políticas de conservación y para seleccionar aquellos indicadores que valoren su éxito. Sin embargo, hay un problema: las técnicas disponibles para los científicos no siempre siguen el ritmo de los cambios ideológicos (como los arriba mencionados). Estos últimos avanzan más rápido, ya que la sociedad y la política cambia de pensamiento a una velocidad mayor que los métodos de los que disponen los científicos para “medir la naturaleza”. ¿La consecuencia? la fricción entre la ciencia y la política. A largo plazo, sería necesaria una visión conjunta y más estable acerca de la conservación de la naturaleza, la cual integrase todas las perspectivas de conservación mencionadas anteriormente. De este modo, le estaríamos permitiendo a la ciencia que nos “alcance”, pudiendo así desarrollar métodos más efectivos para gestionar la naturaleza.

Julen González Redín
PhD en Desarrollo Sostenible
NAIDER

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