Últimamente ha circulado mucho la propuesta del economista Paul Romer, que bajo el nombre de Charter Cities va aumentando su impacto por ahí tras el gran impulso que le dió su aparición en las TED Talks. Veamos de qué se trata y qué hay de útil en esta idea

LA PROPUESTA

La idea está desarrollada en el video, que con tiempo recomiendo leer para tener de primera mano una impresión sobre el contenido de lo que se está proponiendo.

En urbanism.org resumen así su propuesta:

How can a struggling country break out of poverty if it’s trapped in a system of bad rules? Economist Paul Romer unveils a bold idea: “charter cities,” city-scale administrative zones governed by a coalition of nations. (Could Guantánamo Bay become the next Hong Kong?). <!–more–>

 

Más o menos, se trata de un modelo de gobernanza y desarrollo económico basado en la creación de centros administrativos urbanosliberados de las trabas al desarrollo económico que presentan los países menos desarrollados, confiando en que su emergencia económica después pueda extenderse, no sé si por imitación, al resto del país. La idea surge de experiencias históricas de ciudades que han sido un oasis de desarrollo económico en un desierto geográfico de fracaso de las instituciones para promover el progreso social y económico. Esta experiencia sería suficiente para entender que el ejemplo puede generalizarse creando ciudades “autónomas” a las que se les otorga una carta o status independiente institucionalmente de los países a los que pertenecen. De esta forma, mediante un mecanismo automático de imitación y sostenido en el tiempo, el país podría ir aprendiendo de las prácticas normalizadas de la ciudad “liberada” y poco a poco ir beneficiándose y extendiendo esas prácticas.

El término charter citiesse utiliza aquí, por lo visto, como una extensión de una figura que se ha utilizado históricamente en Estados Unidos (principalmente y más en concreto) en California, y se vincula en realidad a una fórmula tradicional de constitución local que podría entroncarse en la Carta Puebla, el Fuero o las cartas fundacionales de las ciudades en la Edad Media, de manera que las ciudades que cuentan con esta carta están constituidas con un régimen institucional y jurídico propio separado de la región o la entidad estatal a la que pertenecen.

Romer parte de estos conceptos para elaborar su teoría sobre cómo podría impulsarse el desarrollo en ciertos lugares del mundo, especialmente en losEstados fallidos (pensemos en Somalia, Sudán o Haití), caracterizados por la bajísima y fracasada institucionalización de los poderes de estos Estados, incapaces de satisfacer de forma general las condiciones de vida de la ciudadanía. Implicaría la creación ex-novo de una estructura administrativa moderna, altamente preparada y defendida convenientemente de la corrupción, siempre en un territorio muy localizado coincidente con una ciudad y su área de influencia. Confiando en el efecto contagio que históricamente el autor considera que se ha dado en ciertos casos, podría llegar a extenderse ese modelo después al resto del territorio. Y el autor sugiere tres posibles aplicaciones:

Case 1: Canada develops a Hong Kong in Cuba 
Case 2: Indonesians flock to a manufacturing hub in Australia
Case 3: States in India compete for the chance to build a charter city

 

Otras lecturas. En Perspectiva Hispana se hacen eco también de la propuesta describiéndola como:

Su propuesta consiste en fundar o refundar ciudades en el Tercer Mundo cuya relaciones con sus anfitriones y con sus habitantes estén gobernadas por “charters” (cartas o fueros) que ejemplifiquen las mejores y mas exitosas prácticas de gobierno. De ese modo se atraerian capitales, recursos humanos diestros y capacidades administrativas a regiones carentes de casi todo eso. Pero el objetivo a gran escala de la propuesta no es solo revitalizar países venidos a menos. La verdadera meta de Romer es abrir espacios en donde la experimentación socio-política sea posible y donde la creciente parálisis del sistema liberal, social-demócrata, que impera en el orbe no la menoscabe o la impida. Su meta no es acabar de golpe y porrazo con la nación-estado y sus decrépitas instituciones, es permitir que surjan alternativas hacia donde el individuo pueda escapar ydonde se puedan ensayar nuevas soluciones a los problemas que aquejan a la humanidad. Algo así como las ciudades en la Edad Media europea sirvieron de refugio contra la iniquidad feudal y como motores del cambio.

 

En Nada es gratis, por ejemplo, hacen una lectura desde la teoría del desarrollo y ven elementos positivos en el planteamiento, al tiempo que definen en pocas palabras las virtualidades que, en teoría, tendría este esquema:

que el Desarrollo se activaria por imitacion del resto del territorio a estas ‘ciudades piloto,’ que se convierten en prototipos donde la interaccion de nueva poblacion, ideas, tecnologia, y nuevas normas crea riqueza y bienestar a sus ciudadanos (e.g. Hong-Kong y China.)

 

Por último, en Atlantis 2.0 van más allá y elucubran con la posibilidad de que Melilla y Gibraltar fueran, por ejemplo, posibles ciudades donde se formularan esquemas de este tipo. Casi nada…

UNA LECTURA PARTICULAR
Realmente, me cuesta mucho entender esta idea y no ver en ella una visión muy reduccionista de los problemas del subdesarrollo. Hace años que no toco libros sobre las teorías económicas del desarrollo, pero algo recuerdo y por ello estoy sorprendido de la repercusión de esta propuesta porque, francamente, las cosas no funcionan así. Y también es una propuesta reduccionista de las complejidades del desarrollo urbano y del éxito institucional de las ciudades.

Por un lado, la idea no es muy nueva, porque al menos a mí me recuerda a la fórmula de los territorios administrados que se ha utilizado bajo el auspicio de las Naciones Unidas en los procesos de descolonización. Posiblemente la idea de Romer incluye algunas novedades, principalmente en relación a quién es el Estado administrador de la fase de transición (papel que Romer parece querer asignar a Canadá de forma preferente como ejemplo de estado exitoso). Pero desde este punto de visto, me suena a algo ya inventado.

En HTR-BE encontramos el principal punto débil: el diseño tecnocrático:

The charter city idea does imply a design method of a sort, basically technocratic. The city would be built first and the people imported with the physical fabric and “rules” in place – that seems the whole point. The track record of this approach to planning, especially at the scale of an entire city, does not inspire much confidence.

 

In parallel with Modernism perhaps, the argument employs a rhetoric of new-ness, even Utopianism, or in the contemporary vernacular, or “thinking outside the box.”

Suena a las teorías de la modernización que entienden el desarrollo como un proceso puramente lineal y teóricamente lógico, y apela a dinámicas que se pueden aislar en un laboratorio. Ponga aquí unas leyes -como si no estuviera ya demostrado que las leyes son construcciones sociales que no se pueden implantar con éxito-, ponga unos responsables políticos y unos responsables técnicos sin mácula -como si por sí mismo se puediera evitar el uso nepótico de las leyes- y aísle ese territorio de la realidad circundante, pero insértelo en los flujos económicos globalizados y, ¡voilà!, en unos pocos años verá cómo esa ciudad se ha convertido en una maravilla como Singapur y ayudará a desarrollarse al resto del territorio.

Ojalá. Ojalá las cosas fueran simples. No hablo sólo de las dificultades diplomáticas para generalizar un sistema así, sino sobre todo de las complejidades del funcionamiento de las ciudades. Ojalá pudiéramos, no sé, liberar las capitales de los paises del Cuerno de África -pongamos, por ejemplo, Mogadiscio-, implantar allí las leyes canadienses y destinar un nuevo cuerpo burocrático de personas preparadas y respetables,…y que todo funcionara. Ojalá hubiera recetas mágicas y simples para liberar de verdad a tantas partes del mundo que están sufriendo un proceso de urbanización acelerada sin que estén cubiertos los servicios básicos ni unas condiciones aceptables de vida, tal como refleja, por ejemplo, el último informe de UN-Habitat, Global Report on Human Settlements 2009. Ojalá las instituciones y su buen funcionamiento se pudieran exportar e implantar sin más allá donde el Estado ha fracasado. Pero me temo, mucho me temo, que la ciudad es un artefacto mucho más complejo.

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