Un estudio reciente publicado en la revista Regional Studies muestra una preocupante asimetría entre las dinámicas de población y vivienda en algunas ciudades españolas. El estudio pone de manifiesto el continuo declive demográfico de algunas a pesar de su crecimiento espacial, traducido en un aumento de la superficie construida dentro de los límites municipales. Esta circunstancia, contradictoria y desconcertante a partes iguales, rebela una de las principales características del modelo urbano español: el desarrollo inmobiliario como principal motor del desarrollo económico local.

Resulta ya habitual al tratar el concepto de ciudades decrecientes, presentar el caso de Detroit como paradigma de una tendencia cada vez más extendida en los países desarrollados. Detroit, otrora un centro industrial dinámico y pujante, sufrió una pérdida poblacional del 60% en los últimos 60 años. Espoleada por la industria del automóvil, la ciudad llegó a tener 1.850.000 habitantes en la década de 1950. En la actualidad su población tan sólo representa un 35% del total registrado durante su época de esplendor. Con 650.000 habitantes en el año 2020, Detroit es considerada el principal exponente de las denominadas Shrinking Cities (ciudades decrecientes o menguantes), un fenómeno que prolifera en el mundo occidental como consecuencia entre otras razones de las corrientes globalizadoras y de procesos de deslocalización industrial.

Abandono de la Estación central de Michigan en Detroit

Fuente: Johnathan Nightingale, Michigan Central Station. Flickr

En España, ciudades como Avilés, Cádiz o Ferrol son, a menudo, tildadas como ciudades decrecientes. En otro tiempo consideradas polos de actividad industrial, actualmente presentan dinámicas poblacionales negativas y representan entornos urbanos en proceso de decrecimiento. Sin embargo, no son las únicas. La concentración poblacional en torno a grandes núcleos de actividad económica como son Madrid, Barcelona, Bilbao o Zaragoza; condiciona la evolución demográfica de numerosas ciudades españolas intermedias y pequeñas, profundizando la brecha poblacional entre los grandes polos de atracción económica y el resto del territorio.

Ampliando el estudio de las ciudades decrecientes españolas, el estudio, titulado Growing Shrinking Cities, y llevado a cabo por Beatriz Fernández Águeda (Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales -EHESS-, Aubervilliers, France) y Maxwell Hartt (Queen’s University, Kingston, ON, Canada), arroja nuevos datos sobre la compleja relación entre las dinámicas poblacionales y la vivienda para el período 1991-2011, especialmente en contextos urbanos en decrecimiento o declive. A diferencia de otros casos internacionales, las ciudades españolas en declive no experimentaron una disminución de su parque de viviendas. De hecho, el crecimiento de las viviendas fue similar en todas las ciudades españolas, independientemente de la trayectoria de la población.

Relación entre vivienda y población para cada ciudad española

Fuente: Beatriz Fernández & Maxwell Hartt (2021): Growing shrinking cities, Regional
Studies.

Podría interpretarse, a juzgar por los resultados del estudio, que aquellas ciudades que pierden población necesariamente no requerirán menos viviendas como consecuencia de la disminución del tamaño de los hogares. Una ciudad que ha perdido población podría incluso tener una escasez de viviendas si el número de hogares hubiera aumentado. Sin embargo, este no es el caso en el contexto español. Los resultados del modelo muestran como el cambio en el número de hogares se corresponde muy estrechamente con la evolución de la población en los municipios españoles. Por tanto, el exceso de construcción de viviendas fue evidente tanto en las ciudades en las que disminuyó la población como en aquellas en las que disminuyó el número de hogares.

Estos resultados refuerzan la idea de que la vivienda cada vez menos se destina a satisfacer las necesidades de la sociedad y, por el contrario, constituye cada vez más un instrumento financiero derivado y una estrategia para la acumulación de capital. A su vez, proporciona fundamentos para descartar políticas urbanas basadas en el desarrollo inmobiliario como factor impulsor y condicionante para el crecimiento económico y poblacional. De acuerdo con el estudio de Hartt y Fernández, tan sólo el 3,6% de los municipios españoles en contracción que crecieron en términos de vivienda entre 1991 y 2011 vieron un cambio positivo de la población en los cinco años siguientes.

Los resultados de este estudio refuerzan la hipótesis de que el paradigma del crecimiento basado en el desarrollo inmobiliario continúa impregnando las políticas de desarrollo urbano, y que, a su vez, el mercado continúa promoviendo la construcción como medio para inducir el crecimiento, sin tener en cuenta la realidad demográfica de muchas ciudades en proceso de declive. Es, por tanto, urgente revertir estas políticas dotando de instrumentos de competitividad territorial que se basen en la transformación y adaptación del entorno construido existente a las nuevas necesidades de la población y las nuevas exigencias medioambientales que impone el contexto global.

Juan Capeáns, Economista Urbano

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