Las ciudades sufren el llamado efecto Isla de Calor por el que la temperatura dentro de la ciudad es mayor de lo que debería ser. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte de la influencia de la isla de calor sobre la salud humana y ya muchas ciudades comienzan a cambiar su forma de diseñar la ciudad para tener en cuenta el confort térmico de los espacios públicos.

El fenómeno de la Isla de Calor se debe a que los materiales que predominan en las ciudades como el asfalto y el cemento en calles y techos de casas retienen calor. Estos materiales suelen ser de colores predominantemente oscuros, lo agrava la absorción de calor. Además, en condiciones normales la tierra contiene partículas de agua que se evaporan con los rayos del sol y contribuyen a refrescar el ambiente, cosa que no sucede en los entornos urbanos altamente artificializados. Otro factor que contribuye a la temperatura es que los autos, autobuses, la industria y otras actividades urbanas generan calor.

La orientación de los edificios, la presencia de la naturaleza, o la densidad de tráfico son elementos imprescindibles a la hora de planificar un entorno urbano adaptado al cambio climático y ofrezca zonas de confort térmico a sus conciudadanos.

Ciudades como Londres (Parque Nacional Urbano), París (Plan de Adaptación) y Barcelona (Plan de Impulso a la Infraestructura Verde) avanzan en la incorporación de naturaleza para aumentar la reflectancia a la radiación solar, proveer espacios de sombra para la población y conectar las zonas verdes estableciendo refugios climáticos para la ciudadanía. Uno de los puntos de partida para desarrollar estas estrategias se basa en elaborar mapas de calor que permitan conocer los puntos calientes de la ciudad y diseñar estrategias para solventar esta problemática. Para tomar una idea del efecto Isla de Calor recomendamos los mapas elaborados por Hotmaps.

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