DetroitSé que insisto mucho con el caso de Detroit y, total, está tan lejos que puede parecer que apenas sirve de referencia. O no. Evidentemente, es un caso extremo pero podemos verlo, sin ponernos apocalípticos, como una constatación de un hecho: las ciudades tienen sus momentos a lo largo de la Historia y nada impide que estas, llegado el momento, vean cómo su población se reduce, su economía se estanca y pierden toda su vitalidad. Ciudades o ciudades-región europeas como Liverpool, Leipzing/Halle o Genoa se están analizando desde la perspectiva de las shrinking cities.

Hace unas pocas semanas destacaba cómo Detroit había entrado en un proceso de demolición no programada tras observar cómo en el periodo 2006-2009 se concedieron 10 permisos de demolición por cada permiso de construcción de obra nueva. Es precisamente, el periodo en el que el impacto de la crisis (la actual en el caso de Detroit es sólo la puntilla final a una crisis más estructural de la ciudad por su dependencia del sector automovilístico que le dio esplendor años atrás) ha hecho que Detroit objeto de diferentes propuestas sobre cómo afrontar su decadencia. Así que, mientras se discutía, en realidad la historia seguía corriendo.

Tras este tiempo de dudas sin saber realmente qué hacer, parece que la apuesta ya es clara: demolición programada. El alcalde se ha decidido a sacar el bulldozer y tirar 1.500 edificios abandonados o en desuso en 90 días. Demolition man en acción. Rightsizing le llaman. Los responsables de urbanismo de la ciudad tienen ante sí un reto de enormes proporciones, de solución incierta y al que pocas veces se ha tenido que enfrentar una ciudad. Habiendo perdido la mitad de su población en las cuatro últimas décadas y con una superficie total de suelos abandonados similar a la de toda la extensión de París, no es fácil acertar, pero parece que han aceptado que hay que empezar a tirar las cosas de forma planificada y ordenada, para así generar superficies viables para su nueva urbanización o, simplemente, para reducir el tamaño de la ciudad y, consecuentemente, los costes de los servicios públicos de mantenimiento y dotación de infraestructuras.

Realmente, no queda otra. En los últimos años se han ofrecido para Detroit (y otras ciudades en similares condiciones como Flint) soluciones que sólo pueden ser parciales, de pequeña escala y adaptativas. A modo delaboratorio urbano (en este caso, con personas), diferentes propuestas han buscado ofrecer ventajas para que jóvenes emprendedores ocupen algunos edificios abandonados como centros de innovación social, liberar vacíos urbanos para convertir la ciudad en una gran granja urbana (con proyectos como (The Greening of DetroitDetroit Eastern Market o Earthworks Urban Farm) o incluso rehabilitar ciertos edificios para ayudar a la revitalización de algunos barrios. De hecho, incluso hay alguna propuesta medio en broma (quiero creer) para hacer un parque temático zombie. Pero la demolición masiva y selectiva (analizando qué barrios o zonas son más susceptibles de encontrar salida y cuáles es mejor abandonar directamente), dada la magnitud y la extensión territorial del problema, parece la única alternativa para dar viabilidad al renacer de la ciudad en forma de nueva redensificación habitacional y posibilidades para la reindustrialización de la ciudad como una reconstrucción post-conflicto o post-desastre natural. Detroit Works Project es el plan del alcalde Dave Bing para llevar esta titánica tarea adelante, con un planteamiento que alcanza acciones de corto plazo y acciones de planificación a largo plazo. Este vídeo presenta de forma resumida qué ha pasado con Detroit y cuál es la idea general de la reconstrucción:

 

What Happened To Detroit?! from Publius on Vimeo.

 

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