El atlas de la contaminación lumínica infopost

La contaminación lumínica tiene efectos negativos en nuestra salud y en el hábitat natural, pero, a pesar de ello, no se han realizado suficientes esfuerzos para medir el problema a escala global. Para dar respuesta, un estudio publicado por la revista ScienceAdvances ha dado lugar a un exhaustivo atlas del brillo artificial nocturno, midiendo y comparando la intensidad de la luz eléctrica alrededor del mundo. Las conclusiones no son muy positivas: el 99% de la población en Europa y EE.UU. viven bajo cielos contaminados lumínicamente, y el 60% de los europeos, y el 80% de los estadounidenses, no puede ver la Vía Láctea de noche.

 

Además de lo que supone de malgasto de consumo energético, en muchas de las ciudades de Europa, América y Asia, el exceso de brillo es suficiente para impedir o retrasar nuestra transición fisiológica natural a la noche, y el problema se está extendiendo en los países en desarrollo. La luz dentro de nuestras casas y edificios, así como la iluminación de las calles, rompen nuestro ciclo “circadiano” normal, lo que se traduce en problemas de salud. El exceso lumínico también causa graves problemas en la biodiversidad y en la biofauna, como en aves migrantes o mamíferos marinos, por ejemplo.

 

Para hacer frente a la necesidad de ahorro de energía, en muchas de nuestras calles se ha apostado por la luz LED blanca, pero la luz LED blanca puede tener un efecto pernicioso al contener una mayor proporción de elemento “azul”, que es el que más rápidamente se difunde por la atmósfera. Por ello, se debe hacer un buen diseño de la luminaria y aprovechar las ventajas de las LED en cuanto a una mejor dirección del flujo de luz, y de la versatilidad que pueden ofrecer para una mejor adaptación a las necesidades de luz de cada momento del día y a nuestro reloj biológico.

 

 

 

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