pttp_gallery03El incremento en el precio del petróleo el año pasado nos enseñó claramente la dependencia de la economía española del los mercados del crudo internacional.

Hoy en día son productos críticos, no solamente para algunos sectores de la economía, sino para cada uno individuo. Por otro lado los precios altos nos hicieron reflexionar sobre la política de precios de las grandes empresas petroleras.

Mucha gente culpa a las empresas del sector de que abusen de su poder del mercado y que aprovechen la dependencia del consumidor para generar ganancias extraordinarias.

Para verificar cómo actúan los jugadores principales, podemos analizar la transmisión de precios del petróleo a la gasolina. En un mercado competitivo se puede esperar que los precios del producto final (gasolina) aumenten y disminuyan con la misma magnitud y el mismo tiempo de ajuste cuando los precios del crudo (como producto input) suben o bajen. Para decirlo en pocas palabras, se espera un proceso de ajuste de precios simétrico. Sin embargo, cuando hay poder de mercado, es posible que encontremos asimetrías en la relación de precios gasolina-crudo, de tal forma que los precios suben rápidos cuando el precio del crudo aumenta, pero bajan más lentos cuando la cotización del crudo disminuye. Lo mismo es válido para la magnitud de los ajustes.
Contín-Pilart (2008) publicó hace poco un artículo sobre la competencia, regulación y el comportamiento de los precios de gasolina en el mercado español con un resultado sorprendente.

En general, España muestra una alta concentración de mercado que tiene sus orígenes en el monopolio estatal CAMPSA lo cual fue fundado en 1927 y duró hasta 1992. Durante el periodo de transición (1986-1992) el mercado se abrió poco a poco para la inversión domestica y extranjera, se empujo la formación de Repsol cómo campeón nacional y las empresas Elf y BP compraron refinerías españolas de Cepsa y Petromed. Con la terminación del monopolio estatal en 1992 las estaciones de servicio fueron repartidas según la participación en el mercado refino. Sin embargo, la densidad de estaciones de servicio quedo baja en comparación con otros países europeos y en 2003 las dos empresas más grandes (Repsol-YPF y Cepsa-Elf) siguen controlando el 70% de la cadena de distribución.
En el estudio, Contín-Pilart et al. formularon dos hipótesis opuestas. La primera hipótesis sustenta un posible abuso del poder de mercado que se traduce en un ajuste de los precios de gasolina asimétricos. La segunda apoya una intervención del gobierno español, dado a los intereses comunes en controlar la inflación y preparar España mejor para la apertura del mercado. Para medir la influencia del gobierno español, se investigó la posible presencia de asimetría para dos periodos distintos antes y después de la liberación del mercado en 1998. Con su metodología de investigación llegaron a la conclusión de que no había ningún tipo de
asimetría en los ajustes de precios (se enfocaron hacía la relación del precio Spot de gasolina en Rotterdam y el precio final al consumidor), pero concluyeron que el factor político juega un papel muy importante. La cooperación cercana de la industria petrolera con el gobierno español en la lucha contra la inflación y la creación de un mercado libre parece haber influido en la creación de precios y para el periodo de 1998 -2003 ven la hipótesis política confirmado por los datos.
Queda de mencionar que existe un número grande de estudios investigando la presencia de asimetrías en la transmisión de precios en el mercado, pero con resultados contradictorios: dependiendo de la metodología estadística, la frecuencia de datos y el país bajo investigación, las asimetrías fueron comprobadas o no. La falta de estándares para este tipo de investigación hace difícil comparar los resultados obtenidos. Aun así, el artículo de Contín-Pilart da un punto de vista diferente a una problemática bien conocida.

En el caso de España, donde la transición hacia un mercado libre resultó en la creación del campeón nacional “Repsol”, la hipótesis de la economía política es un factor muy importante para analizar la cuestión de la competitividad y la formación de precios. No tenerlo en cuenta puede resultar en conclusiones erróneas.

 

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