DSC_0126Pensando en alternativas y proyectos que pueden sacar vehículos de nuestras carreteras y contribuir al cambio climático, me he topado con un artículo que me ha entusiasmado y que no puedo dejar sin comentar. Se trata del artículo “Sobre la Bicicleta” que escribe Lucy Kellaway en el Financial Times y que Expansión reproduce hoy. Se trata de un verdadero canto al uso de la bici como medio de transporte para ir a trabajar”. Qué os parecen las siguientes “excelentes” razones como describe ella: “os hará más ricos, más sanos, posiblemente más delgados y definitivamente os volverá más cuerdos. Os ayudará a hacer nuevos amigos, hará que os sintáis más orgullosos, os dará más tiempo libre. Seréis más productivos en el trabajo y también salvaréis el planeta”

Reconozco que la lista me ha dejado apabullado y con ganas de retomar mi vieja bici para ir a la oficina (la abandoné al final del verano pasado, cuando empezó el mal tiempo y todavía no la he retomado este año), pero con la sensación de que se trataba de una gran optimista que se olvidaba de los grandes males de este medio de transporte: la sudada que te metes y el peligro que supone andar en bici por estas carreteras que tenemos. Pero mi sorpresa es que Lucy también nos aporta ánimos en esta dirección. Respecto a la sudada, comenta que ella “monta con tacones altos, los labios pintados y ropas normales de oficina” y parece que esto no le supone un gran problema así que porque no obviar este tema o, aprovechar los servicios de ducha de la oficina como recomienda a los más remilgados.

El peligro es claramente una cuestión más grave que ella misma reconoce, y lo pone en la balanza, pero lo contrarresta con la sensación de “estar alerta y viva” que proporciona manejar la bici y estar pendiente de la carretera. Efectivamente, son argumentos, pero me temo que, en esta ocasión, sólo sirven para gente audaz y muy atrevida.

Pero por qué no dar la vuelta al argumento y mandar un mensaje a quién corresponda. Con poco gasto en pintura para poner una línea en las carreteras que separe a los ciclistas de los demás vehículos y la promoción de un mínimo de infraestructura en los lugares donde se concentra la gente para trabajar (duchas en los edificios de oficinas y en los polígonos industriales) seguramente podríamos incentivar a que tomen la bici para ir a trabajar, además de los entusiastas y amantes del riesgo, un buen porcentaje de personas “normales” a los que no nos vendría mal tomar un poco el aire por la mañana, tanto para el cuerpo como para el espíritu.

Por supuesto, sería una simple, pero gran contribución a nuestra ardua lucha contra el cambio climático.

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