8521353341_2fce462b27_nLa Unión Europea recomienda a las regiones adoptar estrategias de especialización inteligente como vía para reforzar la competitividad global y generar empleo de calidad. De un modo muy gráfico y sencillo, la especialización inteligente no consiste más que en concentrar los esfuerzos, recursos y capacidades públicas y privadas en actividades económicas prioritarias que son elegidas en función de la masa crítica y las ventajas diferenciales específicas de la región en el contexto internacional (más información aquí).

Con esta recomendación, la UE quiere romper con la tendencia observada en los últimos años en la que por efecto imitación y contagio de lo que hacían los más avanzados, muchas regiones en Europa han orientado sus políticas de innovación y competitividad al desarrollo de los “sectores de moda”, como las “bio” o las “nano” invirtiendo en costosas infraestructuras científico tecnológicas que, en muchos, casos están muy lejos de conseguir los resultados esperados. La idea de fondo es muy sencilla, si focalizas los esfuerzos en las fortalezas y aspectos particularmente específicos de tu región, tienes mayores probabilidades de éxito y de dar saltos cualitativos más notables y con potencial para marcar la diferencia a medio, largo plazo.

Sin entrar en el eterno y a veces manido debate sobre el papel del sector público y el tipo de política industrial más o menos intervencionista, creo sinceramente que Europa acierta en su recomendación, pero creo que es importante entender bien el concepto para sacar verdadero provecho de la misma:

Por un lado, es muy necesario que la especialización regional ponga más énfasis en los mercados en contraposición a los sectores porque las oportunidades empresariales son habitualmente muy transversales y engloban a modo de cluster o multicluster a muy diversas actividades. Así, por ejemplo, si pensamos en el potencial del mercado de la energía eólica off shore, las oportunidades no están sólo en el sector de la energía, o incluso en los fabricantes e integradores, sino en múltiples y variados sectores que van desde los metales y su transformación hasta otros materiales avanzados, pasando por el naval, la ingeniería de precisión, la maquinaria, la electrónica, la logística, el software y un sinfín de actividades industriales y de servicios para los que se abren nuevos campos de diversificación. En este sentido, una región inteligente debería ser capaz de priorizar los mercados más pujantes y emergentes que ofrecen mejores posibilidades para sus empresas, ser capaz de orientar las transformaciones e innovaciones necesarias para aprovecharlas y, finalmente, dotar de medios y recursos estratégicos de todo tipo para facilitar una rápida y exitosa adaptación.
Por otro lado, tampoco habría que perder de vista que la especialización inteligente no sólo tiene que ver con el desarrollo de la ciencia y la tecnología sino con la integración de todo ello con innovaciones organizacionales y cambios en los modelos de negocio que son en muchas ocasiones los que determinan que las soluciones tengan una presencia exitosa en el mercado. Así por ejemplo, el éxito del vehículo eléctrico dependerá, sin ninguna duda, de que los investigadores y tecnólogos consigan sistemas de almacenamiento de la energía más eficientes y fiables, pero es muy probable que el despliegue exitoso del producto en el mercado global, sólo se pueda producir cuando a esos desarrollos se unan nuevas formas de fabricar y ensamblar los vehículos y, de un modo muy particular, novedosas formas de venta y mantenimiento de los mismos que seguramente serán muy diferentes a las que se aplican en la actualidad.

No confundamos tampoco, la especialización inteligente con desterrar las tecnologías más emergentes, pues sin duda buena parte del éxito de las nuevas políticas de competitividad vendrá de la capacidad y habilidad para integrar e hibridar estas tecnologías más rupturistas con otras más tradicionales en las actividades y sectores considerados maduros para dotarles de nuevo potencial en el mercado, bien abriendo nuevas posibilidades, bien permitiendo la transición hacia nuevas aplicaciones. El caso más paradigmático puede ser el de las nanotecnologías que está facilitando innovaciones sorprendentes en la práctica totalidad de las industrias de materiales, mecánica y maquinaria. Pero, se podría decir lo mismo de otras tecnologías clave como la micro electrónica, la fotónica, la óptica, la biotecnología o el “big data” que están transformando radicalmente la industria convencional. Muchos productos industriales novedosos (vehículos y sus piezas, productos electrónicos, electrodomésticos, etc.) y muchos de los procesos de manufactura que se utilizan en su producción surgen de la simbiosis de muchas de estas tecnologías emergentes con las capacidades más tradicionales de la industria manufacturera tradicional (Más información aquí).

Finalmente, la especialización inteligente tiene que dejar margen para las innovaciones radicales que en buena medida surgen de la investigación científica y tecnológica en la frontera del conocimiento, siendo capaz de integrar los esfuerzos en esta dirección con el conjunto del eco-sistema de innovación, facilitando la creación de “spin-off” empresariales, impulsando la atracción de talento y la incorporación de la región en las redes más avanzadas.

En definitiva, la orientación al mercado global, la tranversalidad, la hibridación tecnológica y la innovación radical son los factores capaces de convertir la especialización inteligente en la punta de lanza y la guía del desarrollo regional, facilitando la construcción de comunidades o plataformas que son las que dan sentido real e identidad propia a los eco-sistemas regionales de innovación en el marco de una economía global (explicaba esto en un post anterior).

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