216Ahora que sabemos que el cambio climático es algo más que evidente, da la impresión de que la acciones encaminadas a frenar dicho cambio no se enfrentan de manera decidida o no tratan de cambiar de una manera creíble las actuales pautas de comportamiento o modus vivendi.

Si dijera que la solución al cambio climático se basa en el desarrollo de actividades encaminadas a ser más eficientes y en producir de manera más limpia, dejaría parte de la solución a medias. Si bien es cierto que la eficiencia energética y la producción de energía desde fuentes renovables son indispensables en la lucha, también es cierto que a diferencia de todas las guerras, en la que tanto vencidos como vencedores pierden algo, en esta guerra, parece que no estamos dispuestos a perder ningún ápice de nuestro estilo de vida. Nuestra estrategia pasa por ganar la guerra contra el cambio climático sin perder ningún peón. Queremos que la temperatura no pase de +2 grados centígrados sin renunciar a nuestro estilo de vida basado en un materialismo feroz.

El aumento del consumo, pilar fundamental para que funcione el sistema económico actual, se traduce inevitablemente en un aumento en el consumo de energía y de recursos. Cuantos más coches, móviles, viajes y ropa, más energía y materia prima necesaria para producirlos. La energía ahorrada por unidad de producto mediante acciones en eficiencia energética, la empleamos en producir otros nuevos productos, generando unas necesidades energéticas y de recursos en continuo crecimiento. Las energías renovables puede que compensen la producción de energía desde fuentes no renovables, pero lejos estarán de sustituirlas bajo las políticas actuales.

Podemos mencionar algunos ejemplos concretos sobre las contradicciones que se dan en la lucha contra el cambio climático:

  • Se hace especial hincapié en la edificación sostenible pero seguimos sin encontrar una solución a la incidencia de las viviendas vacías (es decir, aquellas que no cumplen la función para la que fueron construidas) sobre el cambio climático.
  • Se realiza un gran esfuerzo por regular las energías renovables en los edificios, pero sin embargo, nos falta decisión para corregir el uso masivo de cemento hacia materiales de construcción más sostenibles (la producción de una tonelada de cemento emite una tonelada de CO2).
  • Se ha identificado el coche como uno de los principales causantes del cambio climático y de otros muchos problemas de salud y ruido, pero nos falta valentía para tomar medidas a favor de una reducción en el número de vehículos. Además, el aumento desmesurado de vehículos nos obliga a construir nuevas infraestructuras como autopistas y aparcamientos, y los lobbies automovilísticos se las apañan para introducir en el mercado nuevos modelos de alto consumo energético como los todo terreno.
  • Se cuestiona la rentabilidad de la agricultura local por las ayudas que recibe. Sin embargo, no prestamos la misma atención al hecho de que los materiales necesarios para producir un yogur de fresa tengan que recorrer más de 8.000 kilómetros en barcos y camiones antes de llegar a nuestro plato. También nos queda un largo camino que recorrer en cuanto a la agricultura ecológica. Un producto cercano a nuestras casas y en simbiosis con el entorno.
  • Otro aspecto muy importante es el crecimiento desproporcionado de electrodomésticos, la obsolescencia planificada o la creación de deseos artificiales de productos innecesarios. Las campañas publicitarias son capaces de crear deseos que no corresponden a necesidades reales y que nos impulsan a consumir productos, que en muchas ocasiones, acaban siendo infrautilizados y desechados.
  • Somos conscientes de los beneficios de las bioenergías pero no concretamos los parámetros bajo los cuales se deben producir y comercializar para evitar los efectos nefastos que provocan los monocultivos, la deforestación o el uso indiscriminado de fertilizantes y pesticidas.
  • A pesar de ser plenamente conscientes de los factores que provocan el cambio climático, seguimos en la misma tendencia del último siglo y continuamos produciendo infraestructuras y productos demandantes de cantidades ingentes de energía como autopistas, coches o aviones.
  • El aumento de la movilidad se está traduciendo en un incremento importante en el uso del avión. Desde mayo de 2006, los vuelos regulares han aumentado un 5% y además los vuelos internacionales no constan en el inventario de emisiones de los países.

Todas estas apreciaciones no hacen más que corroborar la idea de que existen muchas contradicciones en la lucha contra el cambio climático. Basamos la mayor parte de los esfuerzos en la eficiencia energética y en la producción de energía desde fuentes renovables. Sin embargo, no planteamos algo tan lógico como dejar de consumir de un modo brutal para disminuir, en consecuencia, las necesidades energéticas y de materiales y recursos.

La lucha contra el cambio climático debe ser más integral y tratar de abarcar todos aquellos aspectos que lo producen directa e indirectamente. De poco vale ser más eficientes o producir mediante energías renovables si la necesidad de producción de equipos y aparatos aumenta exponencialmente. Continuando con esta tendencia, llegará un día en que lo normal sea tener tres casas eficientes, un coche híbrido para cada casa y un avión privado alimentado por biocombustibles para viajar entre ellas. Seremos muy eficientes pero las necesidades energéticas y de recursos en conjunto habrán aumentado de tal manera que no seremos capaces de frenar el cambio climático.

A mi entender, la solución pasa por la adopción de medidas que controlen el crecimiento desmedido tratando de desvincular la calidad de vida con el número de aparatos que tengamos en casa. Desde este punto de vista, puede que la solución pase por una revolución moral y ética, y no solo por una revolución tecnológica. Es decir, un cambio de valores puede provocar un aumento en la conciencia de los ciudadanos y en consecuencia, un cambio en las pautas de comportamiento. Abandonar la fe ciega en la tecnología como barco de batalla y emplear la misma como una arma más, en esta dura batalla que nos toca librar.

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