5504812511_74b776963d_m_0Los grandes “palabros” que nos llegan de Europa corren el riesgo de trivializarse y convertirse en lo que yo llamo “rellenos de discurso” para quedar bien. La “especialización inteligente“, -el vocablo se las trae- que es la recomendación de moda de las políticas regionales de innovación y competitividad de la Comisión Europea va por este camino. Nadie lo entiende bien, cada cual lo interpreta como le conviene y muy pocos parecen estar dispuestos a cambiar y a orientar la política industrial rompiendo con la inercia del pasado.

Cojamos el caso del País Vasco que parece que tiene claro que quiere ir en esta dirección como su Gobierno ha manifestado en diversas ocasiones y hagamos un ejercicio práctico de crítica constructiva para entender y, si es posible, ayudar a encarrilar lo que es y también lo que no es especialización inteligente de lo que el Plan de Ciencia y Tecnología 2015denomina como apuestas de focalización.

En primer lugar, no es inteligente abarcar demasiado, no focalizar y quedarnos en ámbitos de mercado y tecnología excesivamente genéricos y lugares de encuentro comunes en los que existe excesiva diversidad. Así en el País Vasco no basta con decir que nuestros mercados de focalización son la energía, el envejecimiento, el transporte y la movilidad, la industria de la ciencia y el mundo digital y que nuestras capacidades transversales son un abanico tan amplio y en el que cabe prácticamente todo como las biociencias, nanociencias y fabricación avanzada. Esta es una elección poco práctica y poco orientadora tanto para las empresas, como para la RVCTI que tiene que realizar sus decisiones de inversión a largo plazo.

Si realmente queremos una estrategia de especialización inteligente tenemos que seleccionar nichos mucho más definidos y homogéneos en los que la innovación tecnológica o no tecnológica va a definir mercados creciente y/o emergentes en el mundo en un horizonte de medio y largo plazo. Nichos en los que se cuente con capacidades empresariales y científico tecnológicas relevantes y adecuadas para competir y en los que se pueda construir un sólido compromiso de inversión público-privado duradero y sostenido en el tiempo.

En segundo lugar, no es inteligente pensar que la especialización se nutre exclusivamente de ciencia y tecnología, cuando la competitividad es el resultado y la confluencia de un conjunto de factores y agentes mucho más diverso en los que están primeramente las personas, la formación y el talento para poder contar con los mejores, pero también las actitudes y la construcción de valores sociales que se adecuan a las apuestas que realizamos y, por último pero no menos relevante, los modelos de empresa y de negocio que tendrán que sustituir a los ya caducos sistemas jerárquicos y competitivos modelos de relaciones empresariales que hoy son la práctica habitual en nuestras empresas.

Finalmente tampoco resulta inteligente, presentar los nichos de especialización como una batalla entre ganadores (los ámbitos que se seleccionan como prioritarios) y los perdedores, cuando lo más sensato es interpretar los ámbitos de especialización como nichos de oportunidad para todas las empresas dispuestas a innovar. Primero, porque la especialización servirá para poner en valor las aptitudes y capacidades empresariales disponibles (conocimientos, tecnologías y otras) en mercados alternativos emergentes. Segundo, porque cuando se construyen capacidades diferenciales y de referencia las aplicaciones son muy transversales y de aplicación en múltiples productos y procesos y, finalmente, porque la especialización tiene que ser capaz de abrir puertas a lo realmente rupturista, a la creación de nuevos productos que crean su propio mercado y que no compiten con los más tradicionales.

Por el contrario sí parece inteligente huir de las prisas cortoplacistas y aislarse del contexto de crisis económica, profundizar en las capacidades disponibles, tomarse más tiempo e hilar mucho más fino para tomar decisiones de especialización que sirvan como baluarte de un nuevo pacto de Euskadi por una industria innovadora y tecnológicamente avanzada que siente las bases del modelo vasco de competitividad para los próximos 30 años. Modelo que servirá para orientar inversiones, capacidades, recursos y, muy especialmente, los liderazgos públicos y privados que necesitamos.

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