Estoy condenado a escribir en el blog. Es, con diferencia, lo más práctico que he encontrado para organizarme las ideas, las lecturas y los proto-pensamientos. Así que, aunque los maten, los rematen y los condenen, aquí es donde siempre será más fácil encontrarme y donde quedan los rastros más evidentes de por dónde ando. Luchando un poco contra la fugacidad de todo, con la cada vez más horrorosa web social que quiere que hagamos click en lugar de que escribamos, leamos y pensemos.
Después vino Twitter y, aunque creo que está meneamizándose (es decir, los usuarios “de toda la vida” y los que pasan más tiempo ahí van instaurando usos que hacen que los nuevos usuarios se retiren espantados, las grandes estrellas y también gente anónima que se acerca a eso de Twitter que siempre está en la portada de El País). ¡Qué condenada está la prensa, por cierto, con tanto ridículo sobre la última chorrada en Twitter. A lo que iba. Que a Twitter le he encontrado una gran utilidad y es una buena forma para seguir el rastro de lo que ando leyendo en cada momento, de lo que me interesa aunque no esté de acuerdo y tener un entorno de acceso a gente que andáis por ahí enredados. Y siempre cuidando que el tiemeline no se llene de eventismos, para-psicología de autoayuda, de espasmos sensibleros o pseudo-comprometidos en forma de trending topic y demás. Fuera de eso, es una de la mejor vía para compartir cosas que encuentro y ampliar el radar de la gente que anda en cualquier lugar enredada en las cosas que me interesan.

Después llegó Tumblr y durante un tiempo no me pareció una herramienta útil. Siempre la utilidad por delante, que para pasatiempos ya hay otras cosas. Es sólo un registro de fugacidades en forma de fotos, links o vídeos. Por eso no es un blog ni nunca será generación de contenidos. Pero es el signo de los tiempos y hoy ya no se lleva dedicarle tres párrafos a algo que has leído. Mejor postearlo y dejarlo ahí en la inmensidad de la nada. Pero al menos he descubierto que sirve para seguir catalogando mis cosas -sólo cuando descubrí al opción de ver el archivo y ver por tagslos contenidos entendí que podía tener algo de utilidad- e incluso ser un repositorio gráfico de libros que algún día leeré o fotos que utilizar alguna vez. No añade mucho más pero, por ahora, no estorba.
En la deriva fragmentaria ahora uso Scoop.it hasta que me canse de revisarlo de vez en cuando, porque no acabo de verle la utilidad. Por ahora, sólo es un ejercicio de curación de contenidos sobre tecnologías y su relación con la vida urbana, como complemento temático especializado ahora que ando más metido en esos temas. No llegará muy lejos, pero ahí está por ahora.
Pero sin duda, que no me falte Delicious. Ahí está todo, organizando por mentes humanas y no por algoritmos fríos ni por jerarquías de información basadas en cuantos “me gusta” tienes. Un entorno sin competitividad -más seguidores, más votos, más clicks-, suficientemente anónimo para que importe sólo lo que compartes y no quién eres y donde haces con la información lo que te da la gana para organizarla como quieres.
Estos son los rastros, cada vez más fragmentarios, en tiempos de fugacidad, de pensamiento de 140 caracteres de peso, de adhesión acrítica, de relativismo. De mientras, seguiré empeñado en “tres párrafos al menos” si algo me interesa. Y que lo puedas leer.
Imagen tomada de zumito en Flickr bajo licencia CC BY-NC-SA 2.0

Deja un comentario