10 de diciembreEn la presentación en sociedad de Ikerbasque (Fundación Vasca para el impulso de la investigación científica), la Presidenta de su Comisión Ejecutiva, Mª Carmen Gallastegui relató, a modo de ejemplo, un caso simulado de un investigador y una investigadora vascos que, con las mismas capacidades y nivel de esfuerzo, siguen la carrera académica, el primero, en nuestra Universidad y, el segundo, en el sistema americano.

Los resultados de ambos, una vez alcanzada la mediana edad, todos los presentes en la sala nos los podíamos imaginar: el primero con un CV no muy destacado a nivel internacional, cargado de clases y burocracia y, por supuesto, con una escasa retribución económica. La segunda, por el contrario, consigue un magnífico historial académico publicando en las mejores revistas, dando clases en una magnífica Universidad y, todo ello, disfrutando de unas condiciones económicas sustancialmente mejores que el primero. Como concluyó la profesora Gallastegui en su intervención la única diferencia entre ambos se encuentra en el entorno institucional que ambos se desenvuelven. El sistema universitario vasco excesivamente rígido para el primero y el americano mucho más dinámico que impulsa, motiva y recompensa con fuerza el talento y el esfuerzo de la segunda investigadora.

Dando una vuelta de tuerca adicional al argumento, me atrevo a ir más lejos y ahondar aún más la perversidad de nuestro sistema ya que además de dificultar la excelencia de los más brillantes, por un lado, arropa a los que lo son menos bajo el paraguas de un trasnochado funcionariado y, por otro, no castiga suficientemente a los que se aprovechan de la situación, limitándose a una mediocre labor docente y una exigua, por no decir inexistente, labor investigadora. Lo peor de todo, sin duda, la penosa imagen que la Universidad transmite al conjunto de la sociedad.

Cada vez es más evidente que necesitamos una revolución en nuestro sistema universitario que impulse la competencia y, también la cooperación entre los investigadores y los centros de investigación, que nos conduzca a sistemas de gestión de la ciencia más eficiente e innovadores y, especialmente, que apueste sin complejos por la investigación de excelencia y los resultados. Y esto no es un lujo más, es una necesidad urgente de nuestro País si queremos siquiera competir por buscarnos un hueco en la nueva Sociedad del Conocimiento.

La iniciativa Ikerbasque es un gran paso en esta dirección porque apuesta por la ciencia como eje central del desarrollo, porque tiene como misión atraer a investigadores cualificados que multipliquen a través de la cooperación y colaboración las capacidades de nuestro sistema científico y, porque será la base para la construcción de nuevos centros de investigación de excelencia (los Basic Excellence Research Centers; BERCS) que motiven a la Comunidad Universitaria y construyan una nueva relación más entrañable entre la sociedad vasca y su universidad. Por supuesto, Ikerbasque no es el final del camino, sino un gran paso que se debe potenciar con más recursos y capacidades y al que deben seguir otros muchos. Por nuestra parte nuestra más sincera enhorabuena a los promotores del proyecto, por el proyecto en sí y por la brillante presentación en sociedad de la iniciativa. ¡Ánimo!

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