Sí, admito que en algún otro sitio he hablado de “esa-palabra-que-empieza-por-i”.

Y que últimamente me le encuentro en tantos lugares, que sospecho que empieza a ser en sí misma un lugar común. Pero quiero rescatar una reflexión que hice en su día y que quiero compartir hoy, a falta de noticias más frescas. Simplemente, el día 1.0 es más rudo que el espíritu 2.0

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Dentro del sistema social y económico, el llamado Tercer Sectorocupa un papel cada vez más importante, tanto en dimensiones como en visibilidad.

 

Estamos hablando de organizaciones no lucrativas (desde asociaciones de afectados por enfermedades raras hasta organizaciones ecologistas, pasando por asociaciones culturales, organizaciones de cooperación al desarrollo, etc.) con tres características básicas:

• Trabajan en entornos normalmente muy competitivos (sobreviven principalmente en el campo de la concurrencia competitiva en convocatorias de subvenciones) y gestionando permanentemente la escasez de recursos (apenas disponen de recursos propios ni de capacidad para generarlos).
• Marcan nuevas demandas sociales no representadas o insuficientemente cubiertas por el sector público ni por el sector empresarial.
• Su objeto social es aportar un beneficio colectivo y no puramente privado-individual.

Las tres características nos pueden servir para lanzar una reflexión sobre la relación de estas organizaciones con la innovación.

Respecto a la primera de ellas, intuyo que cualquier organización la reclamará como propia de su sector, pero quizá no siempre es reconocida como algo característico de los organizaciones no lucrativas y no se le da el valor potencial que tiene. En este sentido, se comportan como una empresa más, como una empresa de servicios que, básicamente, necesita sobrevivir y auto-alimentar su actividad generando nuevos procesos, nuevos productos y nuevas iniciativas que ofrecer al mercado. Suele acusarse a estas organizaciones sociales de falta de profesionalidad; esto es algo innegable: algunas trabajan con pocos medios, con demasiada buena voluntad y con pocas herramientas de análisis. Esta realidad requiere de un permanente estado de tensión creativa, no siempre bien valorizada, que implica además un alto nivel de eficacia y un nivel de productividad importante. No conozco estudios que comparen la productividad y la capacidad de innovación del Tercer Sector frente a otras actividades del sector servicios, pero si existen, seria perfecto que alguien pudiera compartirlos aquí para poder valorar si este subsector está por encima o no de la media

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Estamos, por tanto, ante organizaciones que necesitan tomarse en serio sus propias condiciones e introducir la variable de innovación en sus dinámicas de trabajo, realizando de forma consciente y estructurada una reflexión permanente sobre la mejor forma de optimizar sus recursos y sus capacidades para su propio sostenimiento y para cumplir en condiciones de competitividad sus objetivos sociales. Necesitan, en definitiva, herramientas de innovación y competitividad adaptadas a su realidad.

En segundo lugar, mencionábamos las demandas que representan las organizaciones sociales. Aquí la invitación es doble: a los agentes activos en el sistema de ciencia, innovación y tecnología, para que exploren posibilidades de interrelación con un sector que demanda nuevos servicios, nuevas soluciones a retos sociales no cubiertos; a las organizaciones sociales, para que apuesten por contribuir de forma activa a las políticas e iniciativas de innovación y amplíen sus miras a la interacción con sectores con los que normalmente no trabajan. Una vez más, estas entidades deberían actuar como una empresa más, como usuarias de los nuevos desarrollos de los centros tecnológicos, haciendo visibles sus demandas y necesidades para dar servicio a los destinatarios finales de la actividad asociativa.

Y esto nos vuelve a llevar a la primera idea, donde destacábamos las capacidades “ocultas” del Tercer Sector. Estamos ante una oportunidad de colaboración, de creación de estrategias en red para compartir conocimiento entre mundos que necesitan espacios de encuentro.

Por último, hablábamos de la contribución de estas organizaciones al bien común. Esta idea debería ser suficiente para animar al Tercer Sector a acercarse al sistema de ciencia, tecnología e innovación, en la medida en que este sistema es una de las palancas para hacer avanzar a la sociedad, en un sentido o en otro, hacia un desarrollo social equilibrado. Desde luego el cambio social que persiguen las organizaciones sociales es, sin duda, el mejor objetivo de innovación que cualquier sociedad puede proponerse. Participar en los espacios y redes de innovación es una manera de intervenir socialmente en la definición de las opciones de desarrollo de nuestra sociedad y que las prioridades científico-tecnológicas atiendan cada vez más a los nuevos valores sociales.

Ciudades a escala humana

 

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