En cualquier ámbito de nuestra sociedad, la duración de las modas es cada vez mas efímera. De este modo, todo aquello que “triunfa” actualmente tiende a hacerlo de manera meteórica y es, habitualmente, sustituida/o por una versión mejorada al poco tiempo.

Por este motivo muchas/os podrían pensar que dentro del mundo financiero, la inversión en activos que siguen unos criterios ESG (Environmental, Social and Governance) , es una actividad novedosa que nace ahora de las necesidades de una sociedad en constante cambio. Sin embargo, estas siglas provienen de la llamada cultura de inversión ética que se inició a finales de los años 60.  Esta cultura de inversión, que nació con el fin de apoyar los derechos civiles durante sus primeros años de andadura, ha ido transformándose y adaptándose a los diferentes problemas socio-culturales que han afectado nuestras realidades.

La inversión ESG se compone de tres factores principales: 1) el factor ambiental, basado en el impacto que las empresas generan en nuestro medio ambiente, 2) el factor social, que pretende recoger el impacto de la actividad empresarial dentro de nuestra sociedad y 3) el factor gobierno, que analiza el impacto directo de las estructuras administrativas en materia de derechos y transparencia.

Considerando los criterios por los que se rige esta tipología de inversión, nos encontramos ante una actividad donde la rentabilidad pasa a un segundo plano y deja lugar a los principios como principales impulsores de la inversión. Sin embargo, en los últimos años, la rentabilidad de los activos que siguen unos criterios ESG ha sido capaz de superar la de activos comunes en más de una ocasión.

Existen varias razones capaces de explicar este comportamiento. La principal, el tsunami regulatorio en clave de transición ecológica y digitalización sostenible por parte de los principales gobiernos.

Otros apuntan a las características del inversor actual y a la influencia dentro del mercado de la generación millennial. Una generación quizás mas comprometida con su entorno y habituada a la terminología en la que se basa este tipo de inversión ya que desde su infancia han crecido en una sociedad comprometida consigo misma y con su entorno.

En un escenario donde la actividad del tejido empresarial esta directamente influenciada por las directrices marcadas por los gobiernos, al ser estas de clara motivación sostenible, es evidente que la inversión ESG estará compuesta de acciones apoyadas desde el ámbito político y por lo tanto con mayor posibilidad de éxito financiero.

Este escenario de claras interrelaciones eleva el debate de si nos encontramos ante una sociedad que realmente antepone sus principios a la rentabilidad o que simplemente identifica la oportunidad de invertir en actividades con alto apoyo gubernamental y por consecuencia, menos volátiles y mas rentables.

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