En Europa se apuesta por los automóviles eléctricos para la necesaria descarbonización del transporte, algo que se irá haciendo cada vez más patente en los próximos años, con regulaciones que restrinjan los coches de combustibles fósiles. Sin embargo, Japón apuesta por otra alternativa para el futuro del transporte rodado, el hidrógeno. La idea principal es que el repostaje de los coches de hidrógeno es más practico para la población urbana que la carga de las baterías eléctricos, aunque los autos de hidrógeno presentan otras desventajas en eficiencia o precio.

 

En Japón, según indica NPR, la mayor parte de la población vive en áreas urbanas de gran densidad, en bloques de apartamentos donde puede haber poco espacio para la carga de coches eléctricos. El repostaje de los coches de pilas de combustible de hidrógeno, en cambio, es muy similar al de los coches de combustión, por lo que no exigen un cambio de comportamiento de los conductores. A día de hoy, no obstante, son pocas las estaciones de servicio que repostan hidrógeno (100 puntos en Japón), y el gobierno japonés, junto a fabricantes como Toyota, pretende promover la creación de infraestructura, con el objetivo de disponer de 900 estaciones en 2030.

 

De cara a los Juegos Olímpicos de 2020, Tokio quiere contar con 100 autobuses urbanos de hidrógeno en circulación, y hasta 200.000 coches con pilas de combustible en circulación en seis años. Los esfuerzos se enmarcan en una apuesta más amplia del país para convertirse en la primera “sociedad del hidrógeno” como fuente de generación de energía.

 

El hidrógeno es abundante, y se puede producir en cualquier lugar del mundo, eliminando la dependencia energética. Las pilas de combustibles de hidrógeno emiten solo agua, y no generan ruido, como tampoco lo hacen los coches eléctricos. La producción de consumo de hidrógeno, en cambio, puede que no sea limpia — puede requerir el uso de gas natural o carbón —, ya que por el momento es un proceso que consume mucha energía, lo que eleva el precio del combustible. En el balance negativo, además, los coches de hidrógeno son, actualmente, tan o más caros que los coches eléctricos.

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