greece___europe textoEl referendum en Grecia del próximo domingo evidencia la debilidad política de todo una potencia internacional como la UE. David contra Goliat. Así definen algunos el proceso de negociación. Otros lo ven al contrario: salvadores del bien común frente a los piratas del Egeo. Son un poco arrogantes estos últimos. Olvidan seguramente que Grecia no es un invitado o un moroso. Grecia es un socio de la UE que tiene problemas. Durante los últimos años sus ciudadanos han sido sometidos a un proceso de reestructuración brutal (recorte de salarios, recorte de las pensiones, recorte del gasto público) como no se había producido en ningún país en tiempo de paz.
A juicio de muchos analistas, han purgado ya con creces todos los excesos y pecados de los que se les acusaba de forma generalizada e incluso han expulsado a los que hasta hace no mucho les gobernaron y que sí que resultaron ser unos piratas de pata de palo.
Pero ya está. Fin. Hay que dar paso a una nueva etapa. Ahora la cuestión es que hay millones de ciudadanos europeos en el umbral de la pobreza, millones de ciudadanos en paro y millones de ciudadanos sin proyecto vital. Por eso nos parece a muchos muy irresponsable, aparte de ilegítima, la postura de los que hoy deciden en Europa en nombre de los europeos. Ciertamente desleal, además, la posición de muchos jefes de gobiernos, socios de Grecia en la negociación, descalificando en público el papel desarrollado por los actuales representantes de la agónica sociedad griega.
Entre tanto sentimiento contrapuesto, Joseph Stiglitz y Paul Krugman abanderan el NO académico de los economistas y apuestan porque David alce su voz y dibuje un gran OXI a Merkel, Lagarde y Junker. Esa será, a su juicio, la mejor manera de reforzar la Unión Europea y prepararla para los próximos 50 años. Construyendo instituciones democráticas y comunes, que no actúen de parte y que respondan directamente ante la ciudadanía europea. Por eso es importante que Junker deje de dar lecciones de europeismo a los ciudadnos y entienda que el próximo NO de Grecia en el referendum no es un no a Europa ni al euro. Todo lo contrario. Es un NO rotundo a la indignidad de lo que se le está intentando colar a unos cuantos millones de ciudadanos europeos.
En un SI a la democracia y a la verdadera Europa civilizada de la que, paradojas de la vida, los antiguos griegos fueron artífices. Europa, que en el mundo es sinónimo de democracia, merece la pena. Nunca un NO va a ser más positivo.

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