liderEl autor reflexiona sobre la necesidad de definir un nuevo modelo de sistema universitario para el País Vasco que arranque a la Universidad de su actual posicionamiento y la coloque en el centro de la vanguardia internacional, en el centro de la estrategia de competitivdad del país y en el centro del modelo de creación de ciudad. Para ello se apuesta por la valentía y la superación de prácticas caducas en la era del conocimiento y de los territorios inteligentes

El Sistema Universitario vasco ha experimentado un desarrollo muy importante a lo largo de los últimos 25 años. Con la transición se produjo, de hecho, una transformación radical del paisaje científico-universitario. En aquel momento, en la C.A. del País Vasco, el entorno universitario iba poco más allá de lo que aportaban la Universidad de Deusto y algunos institutos politécnicos y otras escuelas universitarias dispersas con mayor o menor peso.

Hoy día, las infraestructuras de la CAPV suman una gran Universidad Pública (la Universidad del País Vasco, fundada en 1980, 65.000 estudiantes), dos Universidades privadas (15.000 estudiantes), tres centros de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, así como alguna Escuela politécnica de Universidades radicadas en otras Comunidades Autónomas.

Este importante proceso de crecimiento ha podido satisfacer las necesidades derivadas de la fuerte presión demográfica, especialmente en los años 80, así como de la necesidad de extender el acceso universal a la Universidad en función del mérito intelectual y las intereses de las personas (art 26.1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos), dejando, por fin, atrás barreras de tipo económico y geográfico que, históricamente, habían impedido a la juventud vasca acceder a la educación superior.
Pero esta etapa parece haber llegado ya a su fin y emerge un nuevo periodo en el que la Universidad vasca (la pública y la privada) pasa por actualizar en términos de calidad y excelencia los avances realizados. El sistema universitario tiene que liderar el avance del sistema científico-tecnológico en la senda de la excelencia, convertirse en el principal nido de ideas y emprendedores y ser un nodo crucial e la atractividad de personas con talento.

La situación de partida es bastante precaria en este sentido. La Universidad Pública está repartida en tres campus que pugnan entre sí por acumular el mayor número de disciplinas y carreras universitarias, por encima del criterio, aparentemente sensato, de モno duplicidadヤ. Pocos mandatarios políticos o académicos reparan, al parecer, en lo absurdo de la creciente multiplicidad de titulaciones en un país tan pequeño como el nuestro y con unas carencias científico-universitarias tan abultadas.

De hecho, en términos de esfuerzo, el gasto en I+D realizado por el sistema científico-universitario (HERD) es de un 0,26% del PIB, lejos de la media europea, pero también de la española. En términos de gasto en I+D por habitante, aunque la media española es un 20% inferior; la media europea, es un 35% superior al esfuerzo de la CAPV y algunos países (como Suecia) cuadruplican ese esfuerzo (CAPV: 58,1 タ/hab; Suecia: 208 タ/hab).

En cuanto a resultados, nos gustaría resaltar algunos datos sintomáticos. Es el caso de las publicaciones: con un 6,4% de los investigadores del Estado, Euskadi realiza el 4,6% de las publicaciones totales, principal indicador de la producción científica. La Universidad del País Vasco ヨ Euskal Herriko Unibertsitatea, principal centro de conocimiento del País Vasco, es la décima universidad del Estado en cuanto a publicaciones y citaciones. La distribución por áreas de conocimiento es muy heterogénea coexistiendo grupos y centros de referencia internacional con un entorno general de baja productividad y calidad científica.

En cuanto a la flexibilidad para acoger a nuevos científicos en la Universidad, es destacable que la incorporación de nuevos investigadores ha experimentado un exiguo crecimiento medio anual del 1,7% en el periodo 1994-2001 (frente al 8,8% del conjunto del Sistema Vasco de Ciencia y tecnología). En Finlandia el crecimiento anual del personal investigador en la Universidad ha sido del 12% en ese mismo periodo. No es ajeno a esta circunstancia el hecho de que el sistema universitario vasco (público y privado) dispone de un cuerpo de doctorandos muy reducido (aproximadamente el 4,1% de sus estudiantes) mientras que las mejores universidades del mundo tienden a tener un cuerpo investigador relativamente mucho más elevado (en la Universidad de Harvard, el 66% de los estudiantes son doctorandos de tercer ciclo).

Otro aspecto relevante es el análisis de los retornos financieros de las universidades vascas procedentes de la participación en el Programa Marco de la UE (donde se compite abiertamente entre los mejores equipos de investigación europeos). Estos suponen menos del 2% del que recibe el conjunto de universidades españolas y representan un ridículo 3,4% de lo retornado al País Vasco (frente al 27% retornado por las universidades españolas para el conjunto del Estado).

Por acabar enunciando un último aspecto clave, la productividad tecnológica, las patentes registradas por las universidades vascas en la Oficina Española de Patentes representan el 2,4% del total de patentes registradas por agentes vascos durante el periodo 1997-2001. Tampoco parece que pueda ser este el impacto más positivo que deja la Universidad en nuestra sociedad.

Esta reflexión posee múltiples implicaciones todas ellas orientadas a reformular el papel de la Universidad en sus diferentes entornos y dimensiones: el Espacio Europeo de Investigación (ERA), el Espacio Europeo de Enseñanza Superior (EEES), el Sistema Ciencia-Tecnología-Empresa-Sociedad del País Vasco o el Espacio Eurorregional Euskadi-Navarra-Aquitania, entre otros.
Además de todas estas interdependencias, la Universidad debe ser capaz de realizar un ejercicio de モcapilaridad socialヤ en su propio entorno socio-económico de forma que renueve o active su papel esencial como motor intelectual pero también económico y científico-tecnológico de la sociedad vasca. Para ello, en primer lugar, es necesario definir en el menor plazo un modelo de sistema universitario vasco que desarrolle todos esos elementos.
Un modelo que defina, dentro del necesario proceso de racionalización y optimización de las titulaciones, nuevos mecanismos de gestión y dirección, que huyan de tentaciones endogámicas y permitan la generación de un verdadero sistema vasco universitario atractivo y capaz de competir con los mejores distritos universitarios de Europa en la captación y promoción de talentos (investigadores, docentes, estudiantes). Un modelo que, incluso, explore la oportunidad de promover nuevos centros científico-universitarios especializados.

Se debe avanzar, qué duda cabe, hacia un espacio intra y suprarregional de intercambio y movilidad a todos los niveles entre el conjunto de centros de la CAPV y de estos con los mejores distritos universitarios europeos e internacionales. Nunca más la variable de proximidad geográfica va a ser la llave de la competitividad de una universidad de referencia tanto desde el punto de vista internacional como dentro de la propia sociedad en la que desarrolla sus actividades. Hay que ser conscientes que las claves son ahora la calidad, la excelencia científica, la movilidad, la cooperación o el intercambio y los enemigos la endogamia, el inmovilismo y la resignación.

El éxito del modelo elegido, depende de la capacidad de que el Sistema Universitario acepte jugar un papel protagonista en el proceso de transformación social y económica que la sociedad vasca está iniciando. Las Universidades tendrán, por ello, que integrarse de manera activa en el desarrollo de proyectos ambiciosos, capaces de combinar la investigación básica, con otra más aplicada, reforzando el trabajo en cooperación con otros agentes (empresas y centros tecnológicos) hasta convertirse en  práctica habitual. La articulación de espacios de conocimiento e innovación para el desarrollo empresarial en la forma de parques o polos científico-empresariales puede ser una forma válida de implicación directa. Como lo puede ser, si se gestionan de forma profesional, los nuevos Centros de Investigación Cooperativa  previstos para el desarrollo de áreas de conocimiento estratégico para el futuro de la CAPV.

Finalmente, dada la dimensión física y espacial de estas instituciones y el importante movimiento de personas y actividades que se genera a su alrededor (transporte, viviendas, etc.), se hace también urgente repensar su propio papel en el desarrollo de las ciudades de nuestro país. En primer lugar, es necesaria ciertas dosis de valentía para, al menos, reflexionar sobre la oportunidad de mantener algunas prácticas urbanísiticas que, entre otras cosas, condenaron en su día al principal núcleo físico de la Universidad pública a aislarse de la dinámica de vida urbana de una metrópoli como la de Bilbao y a desinteresarse por las enormes sinergias que un centro de conocimiento de esas características tienen en la creación de ciudad. La necesidad de reordenar importantes espacios centrales derivados del antiguo modelo de desarrollo industrial debe ser considerado como una oportunidad única de posicionar a la Universidad en el centro de la reflexión urbanística; en el centro de la creación de ciudad; en el centro de la creación de país.

Se habla en los últimos tiempos de desarrollar, en particular, dos nuevos campus por extensión natural de la actual Escuela de Ingenieros de Bilbao y de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de Sarriko. Son iniciativas que van un poco en la dirección que apuntamos. Pero son iniciativas, siempre a nuestro entender, no del todo ambiciosas y que quizás no incorporan una visión global de ciudad ni de país. Los espacios urbanos liberados en el Bilbao metropolitano (especialmente, la próxima regeneración de la península de Zorrozaurre) son oportunidades extraordinarias para realizar un planteamiento estructural y atrevido por cuanto pueden suponer dotar de un contenido cierto y de futuro, no ya al propio espacio urbano recuperado, sino al conjunto de la ciudad y a la propia Universidad. Con ello queremos nada menos que invitar a las autoridades municipales y metropolitanas (¿para cuándo una autoridad de coordinación en el Gran Bilbao?) a atreverse a plantear un nuevo reto para la ciudad que no es otro que con figurarla como モciudad del conocimientoヤ. Puede hacerse con la creación de esos dos pequeños campus mencionados; puede モbajarse a la Ríaヤ el conjunto de la instalaciones existentes en Leioa; o puede, como urbe internacional, plantearse (por qué no) la implantación de nuevas instituciones universitarias que revitalicen, rejuvenezcan y posicionen a Bilbao en el mundo no sólo en términos de imagen sino de creación de empleo de calidad, como herramienta de recuperación de talentos e investigadores y como modelo de reinvención de una ciudad-metrópoli que aún padece las consecuencias del modelo de desarrollo económico anterior y, entre ellas, el desaforado proceso urbanístico que le acompañó en décadas pasadas. Hay que hablar un nuevo lenguaje e implementar prácticas valientes y creativas: モSestao, ciudad universitariaヤ.

Por su parte, la Universidad vasca (la privada, pero muy especialmente, la pública) debe hacer una reflexión serena y seria sobre su propio futuro para adecuarse a todos los elementos puestos sobre la mesa y, finalmente, el Gobierno debe actuar como líder de todo este proceso; asumir como elemento esencial del futuro próximo del País Vasco la existencia de un sistema universitario (público, privado y público-privado) de vanguardia; y, en último término, actuar en consecuencia con meridiana claridad.

La Universidad, en definitiva, debe configurarse en fuente de ideas y proyectos ilusionantes que la consoliden como una institución social del más alto prestigio que incite a la sociedad a ser beligerante en su defensa como patrimonio de todos y garantía de un país competitivo y de una ciudadanía más culta, más activa intelectualmente y más comprometida a todos los niveles.

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