El cambio climático no se puede mitigar sin prestar la debida atención a la conservación de la biodiversidad y el suelo, según alerta el informe de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) de la ONU. La degradación de los terrenos, por un lado, pone en riesgo el crecimiento de los árboles y plantas que absorben el CO2, y puede liberar, además, el carbono previamente almacenado en el suelo a la atmósfera. No obstante, actualmente se halla tres veces más carbono alojado en el suelo que el que está presente en la atmósfera.

 

El informe apunta a que 3.200 millones de personas — casi la mitad de la población mundial — se ven ya afectadas por la degradación de los suelos, provocada por la erosión, la compactación, la construcción, o la irrigación excesiva. La deforestación y los procesos de urbanización, entre otros, han hecho que se reduzca la productividad del 23% de la superficie terrestre.

 

La degradación de los suelos no solo incrementa la cantidad de CO2 que se libera a la atmósfera; además pone en duda la producción agrícola de alimentos para una población creciente a nivel mundial, especialmente en los países asiáticos. Dentro de un círculo vicioso, el calentamiento global hace que aumenten las lluvias torrenciales, y estas contribuyen a la erosión de los suelos.

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