Cuando parecía que el tema de la energía empezaba a encauzarse con los nuevos Planes de Energía y Clima, el Acuerdo de París, y los diferentes compromisos internacionales en materia de descarbonización, el escenario geopolítico vuelve a entrar en escena y todos esos planes, objetivos y compromisos vuelven a verse comprometidos.

La pandemia reveló unas nuevas formas de comprender la movilidad y el uso de energía en general muy distantes a lo que veníamos acostumbrados, con consumos bastante inferiores a lo que conocíamos. Claro que todo eso fue a costa de prescindir de muchas costumbres como volar, ir en coche a trabajar o consecuencias como la desescalada de la economía.

Ahora la situación ha reflejado una nueva debilidad hasta el punto de revelar la importancia de la capacidad de generación energética, hasta ahora casi incuestionada, para dejar en evidencia que Europa está muy lejos de alcanzar la independencia para mantener el nivel actual de producción y consumo. Hecho que acaba repercutiendo en el resto de los ámbitos de la calidad de vida.

Es cierto que ni en Europa, ni en el resto de continentes, se posee algo similar a la autosuficiencia energética, ni de casi ningún otro ámbito, pero es que en el caso de la energía se trata de uno de los bienes más trascendentes para poder sostener nuestro modo de vida. Hace tiempo que la energía se convirtió en bien indispensable y un derecho fundamental del ser humano, que seguramente no se ha protegido y valorado lo suficiente.

La sostenibilidad se habla en muchos términos, puede ser en términos de producción, económicos, materiales, sociales, ambientales o de otros tantos. No obstante, hay cuestiones que fundamentan en sí mismas la cuestión de la sostenibilidad, como pueden ser la salud o la energía, como bienes absolutos que aseguran que nuestra persecución por el equilibrio se mantiene más o menos constante.

Poner en jaque uno de esos bienes que sustentan la estructura socio-económica nos debería hacer preguntar cuáles son esos bienes indispensables que hay que salvaguardar, restaurar o desarrollar para que las vorágines temporales no hagan tambalear los cimientos de nuestro eco-sistema socio-económico.

Más allá de las acciones inmediatas que debemos afrontar para dar respuesta a esta crisis energética, como los Planes de Contingencia Energética, es también el momento de plantear una reflexión sobre esos bienes y valores que debemos proteger, restaurar y desarrollar, como son: las energías renovables, la convivencia armoniosa con la naturaleza, y las sociedades empoderadas.

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