Desde hace tiempo se menciona la necesidad de incluir un nuevo Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS), el del “cambio de actitud”. Cambio de actitud respecto a la convivencia, los valores, el modelo de desarrollo, y, en definitiva, sobre toda acción humana que termina teniendo un impacto en el Medio Ambiente. Parece que el décimo octavo ODS ha llegado de una forma un tanto inesperada de la mano de una Gran Alianza Europea configurada por una multiplicidad de agentes de diversos estamentos e instituciones sociales, económicas, ambientales y políticas que abogan por una reconstrucción económica de nuestra sociedad con inversiones masivas en ecología, resiliencia y protección del Planeta.

Hasta ahora este tipo alianzas o esfuerzos multipartitos realizados en pos de una transición ecológica siempre se habían percibido como instrumentos de “concienciación” o “acompañamiento” que, ante coyunturas de mayor calado, terminaban quedando relegadas a un segundo plano. Contemplando el panorama de crisis actual derivada del Covid19 y el escenario socioeconómico que resultará de la misma, parecía previsible y, casi asumido con resignación, que los esfuerzos irían “sólo” orientados hacia la recuperación del tejido productivo, “costara lo que costara” en términos de sostenibilidad.

Sin embargo, esta alianza sin precedentes en su configuración, parece que ha movido el tablero. Promovida por el presidente de la Comisión de Medio Ambiente del Parlamento Europeo, Pascal Canfin, ha logrado congregar a 180 responsables políticos, directivos de multinacionales, sindicatos, ONG y expertos en torno a unos compromisos ciertamente subversivos.

En sí misma, la multiplicidad de agentes firmantes supone un punto de inflexión. Que en el mismo llamamiento compartan firma directivos de multinacionales como L’Oreal, Volvo, Danone o Ikea y miembros de ONG medioambientales como WWF, Birdlife o la Red de Acción Climática (conocida por sus siglas en inglés CAN) es un gran paso hacia la homologación por parte de las élites sociales, políticas y económicas de la lucha contra el cambio climático y por la transición hacia otro modelo productivo y otro modelo de sociedad.

El llamamiento señala la necesidad de una estabilidad económica y social, pero la asocia indisolublemente a la necesaria sostenibilidad ambiental. Paliar la crisis sanitaria y económica es la prioridad, pero los firmantes animan a concentrarse en aquellas inversiones que traccionen un nuevo modelo económico más resiliente, protector, soberano e inclusivo.

También hay concesiones por parte de los firmantes más significados en las luchas sociales y ambientales. El llamamiento no contempla partir de cero y generar un nuevo modelo económico, sino que aboga por poner en valor el trabajo realizado hasta el momento, hacer uso de todas las herramientas metodológicas disponibles y de las tecnologías desarrolladas en los últimos años para lograr una transformación en clave de sostenibilidad.

Es significativo el mismo momento en el que se ha realizado el llamamiento. Tiempo atrás hubiese sido impensable que, ante una crisis económica sin precedentes, agentes de esta notoriedad centrasen sus esfuerzos en remarcar la necesidad de traccionar hacia un modelo de desarrollo más sostenible. Esto refleja un cambio de conciencia e, incluso, si me apuran, un reconocimiento de responsabilidad evidente.

Sin duda el tiempo nos dirá si se queda en un llamamiento más, que se suma a una larga lista, o realmente se realizarán los esfuerzos necesarios para articular la ambición que desprende la carta y el nuevo ODS que aboga por propiciar el “Cambio de Actitud” asume carta de naturaleza.

Jokin Etxebarria

Economista, MSc in Business & Management

NAIDER

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