“Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor”

Es de sobra conocido que la economía y el medio ambiente están en conflicto continuo. La economía no posee los mecanismos internos adecuados para gestionar de manera sostenible la naturaleza. Parece algo lógico, teniendo en cuenta que el modelo económico actual se creó con la premisa del crecimiento continuo. Sin incentivos que toquen las teclas adecuadas, es improbable que nuestra maquinaria económica dirija el rumbo hacia la sostenibilidad social y medioambiental.

El ser humano, aunque muchas veces no lo parezca, depende de los bosques, océanos, ríos y un sinfín de ecosistemas para sobrevivir. Sin embargo, vivimos en un sistema que no es capaz de mantener los recursos naturales en una cantidad y calidad adecuadas. La Tragedia de los Bienes Comunes, de Garret Hardin (1968), ejemplifica claramente este dilema, donde el interés personal de los individuos suele terminar por destruir un recurso compartido limitado.

En este punto, surge la siguiente pregunta: ¿Existe alguna combinación de factores que permita a un sistema o grupo social gestionar de manera sostenible un recurso natural?

La respuesta a esta pregunta suele ser, por lo general, “no” o “depende”. “Depende”, porque de existir, dichos factores variarían de un lugar a otro, ya que cada ciudad, región o país tiene su propio contexto socioeconómico y político. Y “No”, porque la economía es más fuerte y tiene más poder que la conservación de la naturaleza, por lo que parece complicado encontrar factores que cambien una tendencia tan integrada en el sistema económico actual. Utilizando las áreas tropicales como ejemplo, la expansión de la agricultura a través de la deforestación – empujada por el crecimiento económico – casi siempre gana la partida a la conservación de los bosques.

Sin embargo, si algo nos enseñaron las historietas de Asterix el Galo, es que existen aldeas que resisten exitosamente al invasor. Y éste es, precisamente, el caso de los Trópicos húmedos de Queensland, una región del noreste de Australia.

Los Wet Tropics of Queensland, por su denominación en inglés, es una región atípica y diferente al resto de territorios tropicales. Este área terrestre constituye una de las pocas regiones tropicales sostenibles del planeta – sin considerar la Gran Barrera de Coral, la cual se encuentra en la misma zona y ésta sí sufre grandes impactos antrópicos negativos.

Se la considera una región “sostenible” porque, bajo el mismo sistema capitalista y con la misma presión económica para deforestar los bosques que en las demás regiones tropicales, los Trópicos húmedos de Queensland han sido capaces de conciliar la producción y la demanda económica con la conservación del medio ambiente y la mitigación del cambio climático.

Estos son, precisamente, los resultados de un estudio científico publicado en 2019 en la Revista Journal of Environmental Management. El artículo demuestra que, aparentemente, esta región tiene su propia “fórmula de Asterix” de la sostenibilidad, una serie de factores que le han permitido combatir la depredación económica, y conservar el medio ambiente, con éxito. A continuación, un resumen de dichos factores:

  • Sociales: La conciencia medioambiental de la población, originada en los movimientos sociales de los años 70, es muy alta en comparación con la de otros países tropicales en vías de desarrollo.
  • Científicos: Es Patrimonio Mundial por la Unesco desde 1988, un punto caliente de biodiversidad (“hotspot”). Su conservación es más fácilmente justificable ante los poderes económicos.
  • Políticos: Existe un apoyo político inusual para la conservación de los bosques.Los partidos políticos de los años 80 y 90 encontraron en la prohibición de la tala de bosques un mensaje ganador para la atracción del voto de la población.
  • Gobernanza: Los indicadores nacionales respecto a corrupción y gobernanza deficiente muestran resultados considerablemente bajos para Australia, en comparación con otros países tropicales en vías de desarrollo.
  • Legislativos: La gestión de los bosques es responsabilidad del Estado de Queensland, el cual defendió la tala de árboles en la región en los años 70 y 80. Sin embargo, bajo la constitución del país, el Gobierno de Australia pudo tomar las riendas y encargarse de la gestión (sostenible) de los bosques.
  • Geográficos: Australia, al ser una isla, no tiene conflictos geográficos con países vecinos, por lo que el Gobierno de Queensland puede gestionar sus bosques sin tener que lidiar con presiones económicas ajenas.

En resumen, la región disfruta de una gobernanza y legislación protectoras del medio ambiente, una economía con poca capacidad de imponer sus intereses, un gobierno y sociedad comprometidas con el medio ambiente, y una ciencia respetada y que demuestra la importancia medioambiental de la región.

Debido a esta combinación de factores, la región de los Trópicos Húmedos de Queensland, en Australia, es una de las pocas que pueden considerarse sostenibles desde un punto de vista de la producción económica (mayoritariamente agrícola), la conservación de la biodiversidad y la mitigación del cambio climático. Por supuesto, este escenario es únicamente posible bajo un contexto cultural, político, medioambiental y socioeconómico específico, el cual es difícil de replicar en otros lugares.

Sin embargo, se demuestra así que todavía existen aldeas que resisten con firmeza ante la ocupación del enemigo. Bien valdría la pena tomarlas como ejemplo e inspiración para estudiar sus pócimas secretas, las cuales podrían ser de utilidad más pronto que tarde.

Julen González Redín
Doctor en Desarrollo Sostenible y Medio Ambiente
Responsable de Proyectos de Sostenibilidad en Naider (Bilbao-Donostia)

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