8545279117_777bbd45d4_nEl recientemente estrenado Gobierno Vasco ha puesto en la agenda de prioridades la reestructuración de la Red Vasca de Ciencia Tecnología e Innovación (RVCTI), para potenciar y fortalecer sus funciones y optimizar su funcionamiento. El asunto no va a ser fácil. Pues a pesar de que este tema concita un gran consenso entre la mayoría de los agentes científicos y tecnológicos vascos que son muy conscientes de la necesidad de cambios, y que permanece en la agenda política desde hace ya un buen número de años, la realidad es que no se han producido avances muy significativos en esta materia.

La Red Vasca de Tecnología se crea el 29 de abril de 1997 (Decreto 96/1997) con el objetivo de articular en el País Vasco un conjunto de capacidades y servicios científicos y tecnológicos de alto valor añadido que contribuyeran significativamente y de modo diferencial a la mejora de la competitividad del tejido productivo vasco.
Desde entonces la Red ha evolucionado muy considerablemente: Muy pronto se añade la palabra “ciencia” a su denominación con el convencimiento de que ésta es una pieza fundamental del conjunto (Decretos 278/2000 y 221/2002) y enseguida empieza a manifestar un gran dinamismo. Se suman numerosos agentes (en la actualidad se sobrepasan el centenar) y se añaden importantes tipologías entre las que destacan los Centros de Investigación Cooperativa (CICs) y los Basic Excellence Research Centers (BERCs). En 2010 con la creación de Tecnalia, Research and Innovation (TRI) -fusión de 8 centros tecnológicos- y el fortalecimiento de la Alianza Tecnológica IK4 -alianza de 9 centros tecnológicos- la red adquiere una nueva dimensión que escapa claramente del País Vasco y alcanza una talla europea indiscutible.

La RVCTI es ahora muy diferente que cuando se concibió y toca definir de nuevo los objetivos globales para ajustarlos a las nuevas características y, especialmente, a los nuevos retos de transformación y competitividad a los que se enfrentan las empresas y sociedad vascas -internacionalización, competencia global y sostenibilidad económica y ambiental- y de este modo dejar claro cuál es el valor añadido que la sociedad vasca espera de cada tipo de agente de modo individual y de la interrelación activa y dinámica entre todos ellos, como red que son.

Esto exige una concepción mucho más articulada y una visión de la RVCTI como pilar principal de soporte de un “eco-sistema” en el que lo más crítico es la multiplicidad y riqueza de las relaciones que se generan entre los nodos de la red. En términos de innovación, el mayor potencial se despliega cuando los agentes científicos tecnológicos cooperan entre ellos de modo efectivo para responder a problemas reales de las empresas e instituciones. En este sentido, la RVCTI tiene que superar su visión como “listado” de agentes y reforzar su papel práctico de instrumento aglutinador que fomenta las conexiones y el trabajo cooperativo para transmitir una imagen de mayor coordinación tanto interna -hacia dentro de la propia red- como hacia el resto del “eco-sistema” de innovación.

Además de marcar los objetivos, resulta cada vez más patente la necesidad de ajustar el sistema de financiación de la red para garantizar su sostenibilidad económica que es más que dudosa en la actualidad por la más que notable caída de ingresos que están experimentando muchos de los agentes. Todo ello, como resultado de las crecientes dificultades de las empresas para financiar sus proyectos de innovación en estos tiempos de crisis y por la caída de las subvenciones y ayudas públicas de todo tipo en este campo (fundamentalmente en la Administración Central y cada vez de modo más notable también en la Administración del País Vasco).
Garantizar la sostenibilidad de la red no significa que el sector público tenga que avalar sin límite la supervivencia económica de los agentes, significa planificar, organizar y orientar adecuadamente la necesaria transformación en base a la generación y aportación de valor. Y para ello, es preciso establecer un esquema claro que marque las reglas de juego y que motive a cumplir los las funciones que la red tiene asignadas.

En este nuevo marco, en primer lugar, será necesario exigir la máxima eficiencia y rendimiento a las inversiones públicas y privadas a la vez que se imponen nuevas figuras de colaboración y trabajo conjuntos que permitan aprovechar economías de escala técnicas, de infraestructuras físicas y de gestión que podrían ahorrar importantes recursos.

En segundo lugar, resulta evidente que los agentes tendrán que realizar un gran esfuerzo para abrir su negocio e internacionalizar su actividad -especialmente las corporaciones que tienen el potencial y la dimensión para ello- y dar un salto cualitativo y cuantitativo en su posicionamiento global como operadores que ofrecen tecnología, servicios y soluciones de negocio a empresas e instituciones innovadoras líderes en su sector.

En tercer lugar, la RVCTI en su conjunto tiene margen para tener una mayor presencia y posicionamiento en el nuevo programa Horizon 2020 para lo que habrá que sumar a la experiencia y prestigio reconocido de algunos de sus agentes, la excelencia científica que se ha ido forjando en áreas emergentes con gran potencial de aplicación de desarrollo para el tejido productivo del País Vasco.

Finalmente, resulta lógico pensar que el sector privado tenga que tomar aún más la iniciativa y que a pesar de la crisis, las empresas y, en particular las que cuentan con mayor potencial y liderazgo, tengan que reforzar su compromiso con la RVCTI, invirtiendo en su desarrollo.

Pero dicho todo esto, la sostenibilidad de la RVCTI implica también para el sector público poner encima de la mesa sus compromisos económicos para los próximos 5 años, porque sería un gran falta de responsabilidad que la principal “infraestructura inteligente” del País Vasco y en la que debe descansar la transformación de su modelo de competitividad se diluya en la miseria de los recortes, porque no estén delimitadas las prioridades.

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