Puede ser que veamos rascacielos de madera en la próxima década, según apunta el Centro de Innovación de Materiales Naturales de la Universidad de Cambridge. La construcción de edificios de madera puede responder a un doble reto: dar soluciones de habitabilidad a una población mundial en crecimiento que se desplaza cada vez más a la ciudades, y hacerlo con construcciones que no contribuyan aún más al calentamiento global.

El hormigón, el material de construcción más común, es responsable del 8% de las emisiones de CO2 en el mundo. Los responsables de investigación del centro de Cambridge defienden que actualmente existe una alternativa orgánica al hormigón y al acero para levantar edificios de grandes dimensiones: la madera laminada en cruz. Según sus cálculos, los bosques sostenibles de Europa necesitan 7 segundos para producir la madera suficiente para construir una vivienda de tres habitaciones, y 4 horas para un rascacielos de 300 metros.

No solo el proceso de construcción es determinante, sino también que el edificio en su funcionamiento y mantenimiento se acerque a las cero emisiones. Diana Ürge-Vorsatz de la Universidad Central Europea de Budapest alerta sobre la nefasta huella de carbono de los convencionales rascacielos recubiertos de cristal. Describe estas torres como “enormes invernaderos” que trabajan en contra de la naturaleza en lugar de a favor de ella, que consumen grandes cantidades de energía para su climatización.

Ya existen notables proyectos de construcción en madera que sirven de referencia. En Barcelona se ha apostado por la edificación de pisos sociales en este material, incluyendo las construcciones de madera más altas del Estado. Y entre las torres existentes que se pueden mostrar de ejemplo, se encuentra una residencia de estudiantes de 18 plantas en Vancouver, que ha dado pie a un nuevo proyecto en madera y hormigón que 40 plantas se convertirá en la torre híbrida cero-emisiones más alta.

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