038La figura de Karmele Llano, personaje recurrente en este Ateneo, ha sido recientemente ensalzada en un bonito artículo de la escritora Rosa Montero. El texto repasa y valora la excpecional trayectoria de esta veterinaria bilbaina que lleva casi 10 años trabajando a pie de campo en Indonesia. El cultivo de palma africana es el principal problema que sufre la selva indonesia, donde se registra una de las mayores tasas de deforestación del mundo. Karmele, como refleja a su vez Rosa Montero en el artículo, suele aludir a los biocombustibles como el principal factor que promueve esa deforestación, pero es importante destacar que el aceite de palma se destina principalmente a la industria agroalimentaria y a los productos cosméticos.

No se trata de esconder la presión extra que la creciente demanda de biocombustibles puede generar sobre las selvas tropicales (de hecho, ante dicha alerta la Unión Europea se planteó la revisión sus objetivos energéticos de introducción de biocombustibles en el transporte), pero actualmente la mayor parte del aceite de palma esta ya presente en multitud de productos de consumo alimenticios, de higiene y cosméticos, hecho que el consumidor medio esta empezando a descubrir y debe valorar. Por ello, empresas como Ikea han empezado a gestionar esta cuestión, anunciando que estudirán alternativas para sustituir el aceite de palma en sus productos (velas, productos de alimentación, etc.); otro ejemplo es el de Nestlé, que tras una impactante campaña de comunicación impulsada por Greenpeaceanunció que iba a prescindir de Sinar Mas como proveedor de aceite de palma.

La producción de aceite de palma es una verdadera industria de gran importancia para la economía de países como Indonesia (junto con Malasia el mayor productor). Las cifras de exportaciones, empleo asociado, etc. son muy notables, pero hay dos cuestiones a tener en cuenta a la hora de valorar su impacto. En primer lugar, la mayor parte del beneficio se genera fuera del país, pues el aceite de palma es finalemente transformado por las grandes multinacionales agroalimentarias en China, Estados Unidos o la Unión Europea, principales importadores del aceite. Y, en segundo lugar, habría que introducir en la ecuación el coste económico que genera la transoformación ecológica a gran escalaque ha sufrido Indonesia para albergar el monocultivo de palma africana: ¿se está valorando el coste que supone la pérdida de biodiversidad, la pérdida de recursos genéticos, la contribución al cambio climático?

Iniciativas como Roundtable on Sustainable Palm Oil (RSPO) tratan de reducir el impacto ambiental de la industria del aceite de palma pero, como muchas organizaciones ecologistas denuncian, el probelma de fondo es la deforestación y la transformación de la selva primaria (elevada biodiversidad, almacén de recursos forestales y genéticos, modo de subsistencia de culturas indígenas, etc.) en un monocultivo destinado única y exclusivamente a la producción de aceite vegetal.

Sobre este tema muy recomendable el artículo “The guilty secrets of palm oil: Are you unwittingly contributing to the devastation of the rain forests”, de Martin Hickman, artículo ganador del The Foreign Press Association Media Awards 2009.

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