Primera parada: de red de carreteras y aparcamiento al aire libre a recuperar espacios diseñados para la convivencia y la interacción social

Las ciudades se han ido planificando y creciendo en paralelo a unos tiempos de boom industrial acompañado por el movimiento migratorio de las zonas rurales a la ciudad. Las urgentes demandas residenciales de entonces eran apaciguadas mediante desarrollos urbanos pensados para albergar a una masa poblacional deseosa de encontrar oportunidades laborales y de cubrir sus expectativas vitales.

Las urbes crecían así en altura y densidad por un lado, y con grandes ejes viarios por otro, dos variables hermanadas por una idea de entonces: un lugar para dormir y otro para desplazarse en coche. En el otro extremo, los centros urbanos aglomeraban la actividad, los equipamientos y servicios, los bienes culturales y de ocio, el dinamismo y atractivo de la ciudad en su conjunto actuando como centro de gravedad para la población que no disponía de esos servicios ni posibilidades en su entorno más cercano.

De manera simplicista, se podría decir que esta dualidad urbana ha dominado la ciudad, generando una elevada ocupación del espacio público por carreteras y un desequilibrio urbano en cuanto al dinamismo y la actividad de barrio.

Estas deficiencias o debilidades urbanas pueden combatirse, gracias a que la ciudad se comporta de alguna forma como un organismo vivo por su capacidad de crecimiento, pero sobre todo por su capacidad de regenerar sus tejidos internos. Esta cualidad regenerativa de la ciudad da pie a plantear nuevas oportunidades de transformación para incorporar aspectos de creciente importancia otrora olvidados como la contaminación, el ruido, la salud humana, la actividad económica, la interacción social, la calidad medioambiental, entre otras.

Esta viveza de la ciudad posibilita poder “reparar/ madurar/ evolucionar/ metamorfosear” esos tejidos existentes que no han tenido o no han podido tener en cuenta importantes claves desde el punto de vista urbanístico y de creación de ciudad.

Para ello, el primer paso es recuperar nuestras calles de los automóviles. Según la OCDE, el 50% del espacio público de las ciudades europeas está dedicado a los coches, estando estacionados de media el 95% del día. Es la hora de terminar con la constante pugna por la conquista del espacio público entre el coche y el peatón. Uno de los objetivos que se persigue busca que la proporción de espacio público cambie por completo:

> Redistribución del espacio público a favor de la movilidad natural: 75% del espacio público para las personas en un plazo máximo de 10 años.

A medida de que vayamos quitando los coches de las calles para devolver el espacio público a la ciudadanía podremos contar con una mayor superficie  de carácter público y abordar los retos de la ciudad partiendo desde una mayor capacidad de intervención.

El nuevo diseño urbano centrado en las personas puede verse enriquecido además si se combina con la aparición y/o densificación de zonas verdes y arbolado, así como con la introducción de soluciones basadas en la naturaleza como elementos pensados para mejorar la calidad del aire, regular la temperatura, aumentar el bienestar en general, reducir los niveles de estrés, y avanzar en el proceso de reconciliación entre el medio urbano y el medio natural.

Europa está empujando esta necesaria transformación mediante Directivas Europeas como la ZBE; fondos europeos para la implementación de NBS; o el movimiento Bauhaus; lo que demuestra que estamos ante el momento idóneo para rediseñar nuestras calles y espacios públicos y actualizar el espacio urbano de acuerdo a los nuevos estándares de ciudad y calidad de vida.


Imagen principal: BolivarHoy