4044534242_b135a3a5e7_0Pocos discuten el positivo impacto de los avances tecnológicos en la creación de riqueza y mejora del bienestar social. Estos, sin embargo, no tienen los mismos efectos en todas las personas y colectivos como se ha demostrado a lo largo de la historia y de modo patente en la actualidad en el encendido conflicto que estamos presenciando entre, por un lado, el colectivo de la industria de contenidos y el Gobierno y, por otro, los colectivos más activos en Internet (ver manifiesto).

Porque a final de cuentas, el conflicto de fondo, trata simplemente de lucha de intereses entre distintos colectivos a los que la tecnología afecta de modo diferente: la industria tradicional de distribución de contenidos que ve amenazado su modelo de negocio por la aparición y desarrollo de la capacidad de Internet y, por otro, los colectivos que defienden las posibilidades de desarrollar las nuevas oportunidades empresariales que ofrece la red.

Internet ha cambiado el mundo y ha marcado un “antes y un después” para la práctica totalidad de las actividades humanas y no parece sensato que pretendamos actuar como si nada hubiera cambiado. Creo sinceramente que se puede avanzar en la promoción de la creación y difusión de contenidos de todo tipo, aprovechando el potencial creciente de Internet y respetando escrupulosamente los derechos de autor (que poco a poco habrá que perfilar a los nuevos tiempos, pero esto es otra historia). Para ello, se necesita, por un lado, que la sociedad civil y, en particular, la comunidad internetera empiece a repudiar claramente y sin tapujos las prácticas abusivas de muchos que se lucran con descaro, aprovechando el potencial de la red, pero también el esfuerzo de otros para generar contenidos. Por otro lado, ya va siendo hora de que la industria tradicional de creación de contenidos apueste decididamente por nuevos modelos de negocio innovadores con audaces formas de producir y difundir contenidos, reconociendo que es imposible “poner puertas al campo”