Los ejemplso sobre procesos de transformación y regeneración urbana son incontables. Uno de los que siempre me ha resultado interesante es el de Birmingham, aunque Ekain Laka publicó hace unas semanas un post (Birmingham, cara y cruz de la transformación urbana) con una perspectiva crítica interesante. Otras ciudades como Bilbao o anteriormente Pittsburgh o Cleveland también han acometido procesos de transformación profunda que se han convertido en referencias a nivel internacional. Suelen ser procesos controvertidos, principalmente porque suele dejarse en manos de la iniciativa privada aquello a lo que las Administraciones Públicas locales no suelen llegar (en general, una base de la fundamentación de estas críticas se encontraba ya en The death and life of great American cities, de Jane Jacobs). Precisamente por eso, el caso que mejor conozco, el de Bilbao es tan particular y tan exitoso, ya que a través de Bilbao Ria 2000, una asociación de entidades públicas, y mediante un mecanismo de urbanización y financiación novedoso, se ha conseguido transformar no sólo diferentes espacios urbanaos sino también la propia vocación de la ciudad.


En Argentina, ha destacado el caso de Puerto Madero, como waterfront activado para la ciudad de Buenos Aires. Pero principalmente ha sido en Estados Unidos (Boston, Portland, Cleveland, Chicago, Atlanta, San Diego,…) y en el Reino Unido (Londres-Canary Wharf, Newcastle, Salford,…) donde este tipo de intervenciones estructurales urbanas han tenido un mayor dinamismo. Y en la Europa continental, son destacables los casos de Rotterdam, Berlín o Malmö.

En la mayoría de los casos, siempre he echado en falta dos elementos que creo fundamentales: la renovación de los esquemas de gobernanza territorial por un lado, y la integración de formas de participación comunitaria y de organización social descentralizada.

En fin, son sólo unas notas precipitadas entre calor y agobios de verano.

Ciudades a escala humana

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