El cálculo de la huella de carbono es una práctica cada vez más extendida en nuestra sociedad. Y es que la alarma climática, acompañada de tratados nacionales e internacionales dirigidos a reducir nuestro impacto ambiental , ha generado que estos diagnósticos se postulen como una necesidad para trabajar en dicha reducción. Se trata de una herramienta que nos permite dibujar la imagen actual de los impactos ambientales que nuestra actividad genera para que, a partir de dicho diagnóstico, se definan las estrategias de cara a conseguir la neutralidad en carbono de instituciones, empresas e incluso de territorios.

El objetivo principal es identificar los procesos o actividades que más CO2 emiten, para poder modificarlos o adaptarlos con el fin ultimo de reducir, o eliminar en el mejor de los casos, estos impactos. Sin embargo, se asume que hay cierto nivel de emisiones de carbono que no es posible eliminar. Con el fin de mitigar este daño “inevitable” se han ideado los proyectos de compensación. Se trata de la financiación de proyectos ambientales por parte de los agentes responsables de las emisiones, que tienen como objetivo reducir los gases de efecto invernadero de la atmósfera mediante su absorción para compensar esas emisiones que no pueden ser eliminadas en las actividades contaminantes. Así, con esta doble estrategia complementaria de reducción y mitigación de emisiones de CO2, se lograría la neutralidad en carbono.

En la pirámide de jerarquía de las estrategias frente al cambio climático, la reducción se sitúa en el primer escalón, como sucede con las más que conocidas 4 R´s de la estrategia de residuos. Sin embargo, las actuaciones y decisiones que desde distintas esferas de la sociedad se están tomando en este ámbito, muestran una camino más difuso. Una reducción de emisiones ambiciosa requiere de sendos y complejos cambios en los modelos de producción y consumo que, a grandes rasgos, no se están dando. Así, la que debería ser la estrategia complementaria para reducir nuestro impacto (la compensación), se está posicionando como la primera y única elección de muchos agentes. Y es ahí donde nace la controversia y las críticas frente a la proliferación de cada vez más  proyectos de está índole. Una estrategia que está siendo cuestionada por recordar a otros muchos casos de greenwashing, además de por la cada vez más cuestionada eficacia de los proyectos en la absorción de las emisiones, así como por los efectos colaterales que dichos proyectos están generando en sociedades indígenas principalmente.

Los proyectos de compensación más populares, plantaciones de árboles que prometen eliminar las toneladas de CO2 deseadas, deben contar con una garantía de tiempo de conservación de los ejemplares, además de considerar el modus operandi frente a adversidades ambientales como incendios o sequias. Pero otras consideraciones, como la elección de especies de acuerdo a criterios climáticos y de biodiversidad o la consideración de las poblaciones humanas a las que puedan repercutir dichos proyectos son elementos claves para reconocer proyectos que realmente busquen tener un impacto positivo ambiental y socialmente. Y siempre, sin perder de vista, que la reducción es nuestro objetivo primordial como sociedad.

Sara Soloaga

Ecóloga en Naider

Este es uno de los posts destacados en las Claves de Transición de la publicación de otoño de Naider

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