133494075-3El Sistema Universitario vasco ha experimentado un desarrollo muy importante a lo largo de los últimos 25 años y hoy día se configura en torno a una comunidad de más de 100.000 personas entre profesores, investigadores y alumnos. En este contexto de expansión, Vitoria-Gasteiz se sumó con cierta energía a este proceso y reordenó toda una zona en desuso en pleno centro de la ciudad poniendo a disposición de la Universidad todo lo necesario para multiplicar su comunidad universitaria hasta acoger hoy a más de 10.000 alumnos y académicos en sus distintas facultades y escuelas universitarias.

El crecimiento del Sistema Universitario Vasco ha podido satisfacer de una forma profesional las necesidades derivadas de la fuerte presión demográfica y de la demanda de titulaciones en todos los ámbitos. A la Universidad se le está exigiendo ahora que dé un nuevo paso de gigante y acepte jugar un papel protagonista en el proceso radical de transformación social y económica que estamos iniciando en la era del conocimiento y la globalización. Un reto sencillo que seguramente merece una reflexión específica pero hay otro tema en el que me quiero detener ahora porque considero también muy importante y permanece muchas veces en el olvido de muchos.

Una Universidad moderna y madura debe ser capaz también de realizar un ejercicio de モcapilaridad socialヤ en su propio entorno socio-económico activando a pleno rendimiento su papel esencial como motor intelectual de la sociedad. Y esto en Euskadi se da poco y en Vitoria, hasta donde yo conozco, parece casi anecdótico. La Universidad no parece trascender suficientemente a la vida política, social, económica y cultural de nuestro país y en Vitoria-Gasteiz esta circunstancia alcanza, probablemente, su mínima expresión. Unos ejemplos quizás ayuden a entender la cuestión.

En Vitoria hay una estupenda Facultad de las Ciencias de la Actividad Física y del Deporte que, a pesar de su llamativo nombre, desconozco si aporta algo a la vida deportiva de la ciudad. En el número de Enero de la revista local Dato Económico de esta ciudad había un interesante reportaje sobre un investigador (Asier Zubillaga) que explicaba la relevancia de sus descubrimientos para maximizar el rendimiento deportivo en el fútbol. No estaría de más que alguien se preocupara, por ejemplo, de transferir ese sistema también al deporte de base (al igual que al de élite) de la ciudad.

Sería sumamente positivo, por otro lado, que los responsables de las áreas de bienestar social del Ayuntamiento y la Diputación mantuvieran una interlocución permanente con los miembros de la Escuela de Trabajo Social para que intercambiaran impresiones, se pusieran mutuamente al día de las necesidades de Vitoria y conocieran las últimas tendencias en torno a la gestión de los retos sociales que nos toca vivir en este momento.

Podríamos continuar repasando con el resto de Facultades y Escuelas Universitarias y analizar así la relación de las Escuela de Ingeniería (o de la de Estudios Empresariales) con la innovación tecnológica de la industria vitoriana o del reducido interés que el conjunto de la Universidad parece tener por abrir a la ciudadanía los cursos, conferencias o seminarios que programe y de los que podrían nutrirse las personas y organizaciones sociales más comprometidas de nuestra sociedad. Pero la reflexión creo que está bien planteada y no parece necesario insistir.

Avanzar en todo esto depende de que la propia comunidad universitaria vitoriana se conciencie de que el resto de ciudadanos les necesitamos para mejorar nuestra sociedad. La implicación de personas vinculadas a la Facultad de Geografía e Historia con la ambiciosa restauración de la Catedral de Santa María es un ejemplo de buena práctica, compromiso y beneficio recíproco. Seguramente para tener más ejemplos en los próximos años va a ser necesario que la Universidad se dote de algunos líderes con capacidad de gestionar y traccionar todos este proceso. No es un tema fácil pero lo bueno que tiene es que se puede ir construyendo poco a poco, proyecto por proyecto, Facultad por Facultad.

Me permito lanzar una invitación a todos los miembros de nuestra comunidad universitaria a que abran las barreras del campus e invadan la ciudad con todo el saber, el conocimiento y el rigor del que puedan hacer gala. Ah! Y no se olviden después de dejar las puertas abiertas de para en par.

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