Los huertos urbanos están ganando un interés creciente en los últimos tiempos como forma de ocupación ciudadana en diferentes espacios de la ciudad y así lo recogían La Vanguardia y El País hace unas semanas en dos artículo de agradecer ante el desinterés generalizado de los medios tradicionales en España por los temas urbanos. Que estas cosas lleguen a los medios de masas tradicionales es normalmente el termómetro que utilizo para saber si la cosa ha traspasado las fronteras de los medios especializados, porque a veces, de tanto estar en tus lecturas, acabas perdiendo un poco el sentido de la realidad. La existencia de huertos urbanosno es una novedad; los bordes de la trama urbana, y no sólo ellos, han acogido siempre formas de cultivo de la tierra a medio camino entre la subsistencia, laresistencia contra el avance de la urbanización y la pervivencia de las formas tradicionales de vida en el campo. En este sentido, digamos que estas son fórmulas espontáneas. En cambio, lo que creo que está ganando fuerza son otras formas más actuales (y por eso son relevantes) vinculadas a la apropiación activa del espacio público, la reutilización creativa y comunitaria de espacios y solares en desuso y, en menor medida, la generación de alternativas de consumo.

Se trata de una práctica que inicialmente ha sido entendida como marginal o de contestación activa (como el caso de las expresiones de guerrilla gardening) y, por tanto, fuera de la agenda. Sin embargo, cuenta ahora con un contexto favorable. Como he comentado en otras ocasiones, esta es para mí una de las grandes hipótesis de la nueva agenda urbana que surge tras la crisis: la aceptación por parte de las instituciones locales de prácticas y propuestas que en los años de desenfreno protagonizados por proyectos icónicos eran descartadas como marginales y que, sin embargo, ante la nueva realidad de unas enormes dificultades financieras de los gobiernos locales, ganan peso como propuestas baratas y eficaces.
A la hora de revisar experiencias, me iré lejos, como casi siempre. San Francisco(California), por ejemplo, acaba de aprobar una ordenanza municipal que establece la autorización general para usos agrícolas de cualquier suelo de la ciudad que se quiera utilizar para crear huertos urbanos, facilitando así una práctica social del suelo. Es un ejemplo de regulación de un urbanismo adaptativo que, con un enfoque centrado en la recuperación de las capacidades infrautilizadas de todos los recursos de la ciudad, da forma a nuevas maneras de facilitar el urgente proceso de reconversión urbana.
En este vídeo podemos ver la experiencia en Berlín, y en él se explica el nivel de extensión que han alcanzado

Y en este otro cómo se están aprovechando los tejados en Nueva York para abrir huertos urbanos, una alternativa de uso de toda la superficie de tejados que existen en una ciudad y que está altamente infrautilizada para usos no sólo agrícolas, sino también de vivienda, de dotaciones o como espacios recreativos (una buenaexperiencia en Varsovia):

También París cuenta con un modelo de actuación a través de la Charte Main Verde, los huertos urbanos se proponen como solución masiva para Detroit y en Españaexisten iniciativas de diferente signo. Un muy completo artículo comparativo sobre diferentes experiencias y analítico también sobre el origen y el papel de los huertos urbanos en la rehabilitación urbana ecológica lo puedes encontrar en Huertos urbanos en tres ciudades europeas: Londres, Berlín, Madrid (he encontrado, por cierto, este mapa de huertos urbanos en Madrid) y, como siempre, José Fariña también es una buena referencia, en este caso para situarse con un poco más de contexto en cuanto al papel de la naturaleza en la ciudad.
No sabemos aún si será una práctica generalizada, probablemente no. Tampoco tiene por qué serlo. Basta con que sea permitida, basta con que sea posible en un urbanismo cada vez más regulado y que tiende a aplanar las posibilidades de uso de la ciudad. Pero, como decía antes, sí puede ser una solución, una opción posible dentro del catálogo de actuaciones de una economía urbana de crisis. Con la que tenemos encima, más nos vale aprender a hacer de la ciudad un espacio flexible, liberador más que recortador de usos, expresiones y actividades. Son, por ejemplo, una buena alternativa para dar usos (transitorios o permanentes) a solares vacíos. Urbanismo adaptativo. Son, por ejemplo, una forma de expresión y organización comunitaria, y quizá son tiempos para ello. Urbanismo adaptativo. Son, por ejemplo, una vía para empezar a entender el sistema de producción y distribución alimentaria de otra manera. Son, como bien sugiere Jordi en una buena propuesta, alternativas para laimplicación ciudadana en la ciudad.

Imagen tomada de Linda N en Flickr bajo licencia CC BY 2.0

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