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Talento para un futuro en continua transformación

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Los principales trabajos de prospectiva socioeconómica reconocen que el talento irá ganando progresivamente importancia estratégica como elemento crítico de competitividad, innovación y posicionamiento internacional para las empresas, los países y las regiones, así como para el conjunto de organizaciones tanto públicas, como privadas.

El talento, aunque no seamos plenamente conscientes de ello, es un bien crecientemente escaso en el mundo. Atender los grandes y rápidos desafíos tecnológicos y de competitividad, y acometer las transformaciones tecnológico-digital y energético-climática, que están dando forma a la sociedad del siglo XXI, necesita profesionales y personas con renovadas actitudes y capacidades.

Los sectores industriales y de servicios tradicionales que estructuran nuestro sistema social y productivo pierden competitividad en el conjunto de Europa y, por supuesto también en Euskadi. Las empresas del viejo continente están crecientemente amenazadas por la cada vez más patente desaceleración del proceso de globalización y la creciente pujanza y competencia de China y otras economías emergentes. En realidad, se trata de un complejo proceso que va unido a un desarrollo tecnológico disruptivo que tiene potencial para transformar completamente nuestra forma de vida y los sectores cruciales de la economía: industria sin emisiones de carbono, finanzas sin bancos, comercio basado en plataformas, vehículos inteligentes sin conductor y nuevas formas de movilidad, transacciones vía blockchain, ocio digital… Y, por si esto fuera poco, un pujante desarrollo de la inteligencia artificial que amenaza con sustituir o dejar obsoletas una parte importante de las ocupaciones actuales.

Se necesita una transformación radical que precisa talento, y confiar en que el remplazo generacional será suficiente para acometer los cambios, cerrando los ojos al progresivo envejecimiento poblacional, resulta, a todas luces, una temeridad. La viabilidad de nuestro modelo socioeconómico dependerá del éxito en la política de talento, de disponer de personas con capacidades y habilidades para generar progreso en un nuevo marco de relaciones sociales, económicas y laborales.

Para ello, Euskadi no tiene más remedio que reforzar sus apuestas. Unir fuerzas entre lo público y lo privado para impulsar iniciativas y acciones de gran calado para generar, retener, atraer y fidelizar el talento, aprovechando sus ventajas económicas, sociales y medioambientales.

¿Pero qué tipo de talento se necesita? No se trata de una pregunta que tenga una fácil respuesta, pero sin duda es la clave para focalizar la estrategia. En el pasado, ésta se ha centrado en la atracción de personas excelentes en el campo científicos y, sin duda, esta es un área clave, pero las necesidades actuales son de un espectro más amplio y van mucho más allá de la ciencia.

Euskadi precisa personas emprendedoras que desarrollen y conviertan sus ideas innovadoras de negocio en empresas competitivas que crean empleo cualificados y riqueza.

Además, el País Vasco precisa reforzar su tejido institucional y empresarial con perfiles muy diversos que van desde personal operario altamente cualificado para diseñar nuevos servicios y conducir procesos intensivos en digitalización y tecnología a cuadros directivos capaces de liderar equipos multidisciplinares en entornos globales y conducir nuevos modelos de negocio descentralizados y cooperativos.

Adicionalmente, las administraciones públicas necesitan personas para transformar sus principales servicios en el campo sociosanitario, educativo y de seguridad pública y adaptarlos a las nuevas demandas sociales y al rápido y disruptivo cambio tecnológico.

Los motores de esta transformación en el ámbito del talento son conocidos. Por un lado, está la capacidad de generación de talento que además de poner en valor las universidades y los centros de formación reglada tiene que explotar al máximo, la formación a lo largo de la vida, la promoción del emprendimiento, la colaboración entre los centros educativos a todos los niveles y el tejido empresarial y la propia experimentación en el puesto de trabajo.

Por otro, el País Vasco tiene que engrasar y fortalecer los lazos de las personas con el territorio. Especialmente los de las personas jóvenes que inician una vida profesional, pero también los de las y los profesionales ya establecidos, activando puentes dinámicos y flexibles entre la formación y la vida profesional.

Finalmente, los dos motores anteriores estarían completamente gripados si el esfuerzo no va de la mano y sincronizado con la articulación de un tejido empresarial innovador, dinámico y competitivo que demanda personas y un Territorio que se da a conocer, que se preocupa por ser reconocido internacionalmente por premiar y buscar el talento y que, además, se esfuerza por dar la bienvenida y acoger a los que llegan de fuera para que se sientan como en su propia casa.


Ilustración: Milad Fakurian