Las transiciones que hoy atraviesan nuestras sociedades —sociales, ecológicas, económicas o demográficas— no son procesos automáticos ni neutros. Exigen decisiones estratégicas sostenidas en el tiempo, movilización de recursos y, sobre todo, capacidad para entender qué cambios se están produciendo realmente, para quién y a qué coste. En este contexto, la evaluación del impacto social deja de ser un ejercicio accesorio de rendición de cuentas para convertirse en una herramienta central de gobernanza y dirección estratégica.

Evaluar impacto no significa únicamente medir actividad o justificar gasto. Significa producir conocimiento útil para decidir mejor: asignar recursos escasos con mayor criterio, comparar alternativas de intervención, mejorar el diseño de programas y comunicar de forma creíble el valor generado a la sociedad. Los enfoques de evaluación basados en resultados y en impacto responden precisamente a esta necesidad de pasar del “qué hacemos” al “qué cambia gracias a lo que hacemos”.

En este marco se sitúan los modelos de evaluación del impacto social basados en SROI (Social Return on Investment), que permiten traducir resultados sociales relevantes en valor monetario y relacionarlos con la inversión realizada. Sin embargo, en intervenciones sociales complejas —con múltiples actores, procesos de cambio no lineales y efectos a medio y largo plazo— el SROI solo resulta metodológicamente sólido si se integra en un marco evaluativo más amplio, basado en una teoría del cambio, en la participación de los grupos de interés y en una trazabilidad rigurosa de los supuestos analíticos.

De la medición a la decisión: qué debe responder una evaluación de impacto

Un sistema de evaluación de impacto social orientado a la toma de decisiones debe ser capaz de responder, de forma integrada, a cuatro grandes preguntas

  • Eficacia: qué cambios se producen, en qué colectivos y en qué condiciones.
  • Eficiencia: qué relación existe entre los resultados obtenidos y los recursos empleados.
  • Adicionalidad: qué parte de los cambios observados es atribuible a la intervención y no se habría producido en su ausencia.
  • Equidad y sostenibilidad: cómo se distribuyen los impactos entre grupos y territorios, y hasta qué punto los efectos son duraderos.

El SROI aporta una respuesta especialmente potente a las cuestiones de eficiencia y adicionalidad, al exigir la explicitación de contrafactuales y sintetizar los resultados en una ratio de valor social generado. No obstante, esta ratio no puede interpretarse de forma aislada. Por ello, la metodología de NAIDER incorpora el enfoque Value for Money (VfM), que permite emitir juicios evaluativos estructurados sobre dimensiones clave que no siempre son monetizables, como la coherencia estratégica, la equidad distributiva o la sostenibilidad institucional.

Este doble enfoque evita tanto el reduccionismo cuantitativo como la vaguedad cualitativa, situando la evaluaciónn en el terreno de la decisión informada.

Delimitación del alcance y análisis de materialidad: decidir qué evaluar

Uno de los elementos más críticos —y a menudo menos visibles— de cualquier evaluación de impacto es la delimitación del alcance. Evaluar todo conduce a análisis superficiales; evaluar demasiado poco puede ocultar impactos relevantes. Por ello, la metodología de NAIDER incorpora un proceso sistemático de identificación de grupos de interés y de análisis de materialidad, orientado a priorizar aquellos cambios que son simultáneamente significativos para las personas afectadas y relevantes desde el punto de vista social.

Este ejercicio permite justificar de forma transparente qué impactos se incorporan al análisis y cuáles quedan fuera, reforzando la legitimidad del modelo evaluativo y alineándolo con las preocupaciones reales de los actores implicados. La evaluación deja así de ser un ejercicio técnico cerrado para convertirse en un proceso socialmente anclado.

Sistema de indicadores: traducir la intervención en resultados observables

La columna vertebral de la evaluación de impacto es el sistema de indicadores. En el enfoque de NAIDER, este sistema se estructura en tres niveles claramente diferenciados:

  • Outputs, que recogen la actividad realizada y su alcance.
  • Outcomes, que captan los cambios producidos en las personas y colectivos (capacidades, comportamientos, trayectorias).
  • Impactos, que reflejan efectos sociales y económicos de mayor alcance, incluidos costes evitados o mejoras sistémicas.

Evidencias y atribución: métodos mixtos y triangulación

La atribución de cambios sociales a una intervención concreta exige combinar distintas fuentes de información. Por ello, la metodología de NAIDER se apoya en un modelo de evidencias basado en métodos mixtos, que integra entrevistas, grupos focales, encuestas y análisis documental. La triangulación entre estas fuentes permite contrastar resultados, reducir sesgos y comprender los mecanismos de cambio subyacentes.

Este enfoque refuerza tanto la robustez analítica del modelo como su capacidad explicativa, especialmente en contextos de intervención complejos.

Monetización y contrafactualidad: del valor bruto al impacto neto

La monetización de resultados sociales se realiza mediante proxies financieros que representan el valor económico de cambios no transaccionados en el mercado. Sin embargo, el valor monetizado inicial debe ajustarse para estimar el impacto neto real. Estos ajustes incluyen el peso muerto, la atribución a otros agentes, el desplazamiento de impactos y el decrecimiento de los efectos a lo largo del tiempo.

La explicitación sistemática de estos ajustes es un elemento central de rigor metodológico y permite interpretar la ratio SROI con prudencia, evitando lecturas simplistas o infladas del valor generado.

Más allá del ratio: el enfoque Value for Money

Aunque el SROI ofrece una síntesis potente del valor generado, una evaluación orientada a la toma de decisiones no puede descansar únicamente en un indicador monetario. El enfoque Value for Money introduce un marco de juicio evaluativo estructurado que permite valorar, de forma integrada, la relevancia, la eficacia, la eficiencia, la equidad y la sostenibilidad de las intervenciones.

Este marco conecta evidencias con criterios explícitos y facilita comparaciones, aprendizajes y mejoras, reforzando el papel de la evaluación como herramienta estratégica.

La evaluación como infraestructura de la transición

Entendida de este modo, la evaluación de impacto social no se limita a producir informes, sino que construye una infraestructura de conocimiento: una teoría del cambio validada, un sistema estable de indicadores, un modelo SROI trazable y un marco de juicio Value for Money replicable. Esta infraestructura permite orientar mejor las decisiones públicas y sociales, reforzar la legitimidad de las intervenciones y aprender de forma sistemática.

En un contexto de transiciones profundas e inciertas, evaluar impacto no es un lujo ni una exigencia administrativa: es una condición necesaria para gobernar el cambio con responsabilidad y criterio.